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Cuando el progreso (?) mata

25 Mar

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Soñando el futuro (o delirios en unas tarjetas de chocolate)

1 Jun

Esta serie de curiosas tarjetas futuristas acompañaban a finales del año 1900 unos famosos chocolates alemanes marca Hildebrand. Como se verá, en ellas se dejaba volar la imaginación soñando cómo sería la realidad del año 2000 basándose en los nuevos adelantos tecnológicos.

Con el descubrimiento de los rayos X en 1895, que permitían ver más allá de lo aparente, la novedad de los vuelos en globos, y los avances de la telegrafía, telefonía y cinematografía, los artistas de finales del siglo XIX se deleitaban imaginando un futuro que, suponían, iba a modificar sus vidas de manera radical.

En esta tarjeta se imaginaban que en un futuro los seres humanos no iban a tener necesidad de caminar, sino que eran las calles mismas las que se iban a ir desplazando a través de un sencillo sistema de rueditas, engranajes y superposiciones. Es de destacar que mientras se pensaba en un entorno tecnológico totalmente distinto y avanzado, las personas seguían luciendo los mismos trajes, vestidos y sombreros sin modificación alguna.

Otra variante del mismo sistema de traslación es el que se observa en esta otra tarjeta, donde se planteaba que en el nuevo milenio, el cambiarse de barrio no iba a ser tan difícil. Las casas, los edificios y hasta las calles enteras iban a estar asentados sobre rieles, y por medio de una locomotora se podrían trasladar al lugar que más conviniera. Así no se necesitarían realizar de mudanzas, ya que las pertenencias viajarían enclavadas en el mismo lugar en que están.

Otra de las atrevidas posibilidades que se preveía para el futuro era el de contar con ciudades con techos corredizos que las cubrían en su totalidad y que se cerraban o abrían según el estado del tiempo. La ilustración muestra por sobre la ciudad techada un tremendo aguacero acompañado por una tormenta eléctrica, mientras que por debajo, las personas y los vehículos se desplazan con total tranquilidad.

En una actitud típicamente dominguera, otra de las tarjetas futuristas muestra un grupo de personas paseando por el agua con pequeños globos aerostáticos individuales que los mantenían al ras del agua, además se ve cómo unos deslizadores impedían que se mojaran los zapatos; se alcanza a ver más atrás, hasta una galera con su correspondiente caballo sostenidos con globos aerostáticos.

La imaginación no tenía límites cuando se sabía que la humanidad había ya dominado el espacio aéreo con los globos aerostáticos, por lo que se suponía que en el nuevo milenio se podrían disfrutar de paseos familiares realizados por este medio de bajo costo; una barquilla, varios metros de soga y un globo inflado a gas o aire caliente, y el cielo y sus nubes iban a estar al alcance de cualquiera.

Y si de máquinas voladoras individuales se trataba, en esta otra tarjeta, quedaban en claro las innumerables variantes.

Aunque la mayoría de las ilustraciones imaginadas para el futuro estaban más cerca de la ciencia ficción que de lo posible, se puede arriesgar que algunas fueron buenas ideas, como por ejemplo, este barcolocomotora, una especie de híbrido, que podría cruzar los mares como también kilómetros sobre rieles en tierra sin que los pasajeros o la carga debieran bajarse para el trasbordo.

Muy útil también sería esta aplicación de los rayos X que muestra otra tarjeta, donde se ve que un guardia de un banco advierte un robo gracias a un ingenioso aparato observador a través de las paredes de la bóveda.

Algo más cercano a lo que hoy es realidad son estos adelantos técnicos vislumbrados en el 1900. en esta tarjeta se muestra el sueño de tener el teatro en casa a través de una proyección lumínica similara la cinematográfica mientras los sonidos de la orquesta y los cantantes podían llegar por teléfono, todo al unísono.

Como se ve, la humanidad siempre ha querido vivir con mayor confort, y la imaginación fue de la mano de los avances tecnológicos. Aunque a la distancia resulten bastante ingenuos, aquellas primeras ideas, de alguna manera inspiraron las tecnologías de las que hoy podemos disponer.

Quizás estas tarjetas sean la prueba que algunas utopías pueden llegar a concretarse.

El extraño mundo de Neo

votar Ciudadana Mónica

Pánico

10 Nov

Advertencia. El presente post puede herir tu sensibilidad. No es recomendable para entendidos, gente normal o políticamente correcta.

Yo no creo en la crisis. No es que no crea en ella. Es que creo que no existe. Que quede claro porque si no te enredan como lo de creer en dios. Los creyentes piensan que dios existe y que hay quien cree y quien no cree en él (los malos). No se percatan de que quien no cree no es que no quiera creer sino que cree que no existe. A todo ésto, yo no soy creyente pero es casi como si lo fuera, ya que por efecto del sentido religioso de la vida que nos acompaña a quienes hemos sido educados desde esa cultura, según mi siempre admirado Salvador Pániker, me envolverá forever el sentimiento extraño de querer algo que tu mente te niega.

Pues bien, no creo en la crisis. Me avergüenza oir hablar de crisis. Nunca entendí el pánico que dicen que algunos tienen -y del cual nos hablan diariamente los medios de comunicación, aterrados- cuando caen las bolsas de valores. Pánico, qué pánico! Cuando baja la bolsa los ricos recogen beneficios millonarios. Y cuando sube preparan su inversión para obtener más beneficios millonarios a la próxima aventura. Y mientras tanto tienen excusa para atormentar al resto de los mortales hablando de crisis y joderlos durante una década o un par de ellas, pisoteándoles en el cuello de su miseria e impidiendo todo progreso de la raza humana.

No me creo la teoría de las hipotecas subprime, hipotecas basura, difundida en Internet y a la que sólo falta otorgarle el premio Nobel a su creador por lograr convencer al mundo de una chorrada que se le ocurrió a alguien en fase de aburrimiento agudo.

No me creo que ningún banco esté pasando apuros. Ninguno. Están divertidísimos viendo el panorama que se les avecina. Los de los apuros somos el resto de la humanidad. Y aún en el caso remoto de que estuvieran en apuros me parecería genial que ellos estuvieran en apuros con el fin de que el resto de ciudadanos honrados puedan vivir dignamente, tener una casa y tal o no morirse de hambre. Pequeñeces.

No apruebo que el dinero público se inyecte a dichas instituciones porque sí, sin explicaciones y sin conocer los datos. Y con explicaciones tampoco.

No me creo éso de que estábamos en una burbuja. La burbuja la ponen y la quitan a su gusto. Más bien estamos sumidos en la burbuja de la ignorancia, la desinformación y el cutrerío. No aguanto a los expertos economistas y de todo tipo que proliferan como champiñones afirmando que ya lo sabían (ya lo sabía, ya lo sabía!), que ésto estaba cantado. Haberlo cantado antes. Los economistas hacen como los adivinadores o echadores de cartas (me encantan, yo voy a poner un chiringuito porque tengo poderes), que en lugar de profetizar el futuro te adivinan el pasado una vez ya se lo has contado. Éso, los más audaces.

También actúan como los obstaculistas generalizados. Sí, esa gente que ante cualquier reto planteado se dedica a animar al valiente iluso explicándole al oído que jamás conseguirá su objetivo; y cuando lo logra -que algunas cosas se logran- no reconoce su esfuerzo, sólo dice, lo sabía, tenía que ocurrir. Como si mañana cae un meteorito. No se inmutan.

Al calor hogareño de la supuesta crisis las empresas aligerarán personal, despedirán a media plantilla, porque siempre le viene bien a una empresa despedir a media plantilla, es el momento ideal. Los salarios se paralizarán, en especial los adscritos a la función pública, ya medio hibernados décadas atrás, hasta hacer realidad -que lo lograrán de nuevo- la frase que en mi tierra solían decir mis abuelos… passes més fam que un mestre d’escola.

Los precios de todas las cosas que se venden por ahí -parafraseando el nick de un buen amigo- subirán, porque es el momento adecuado para cambiar las etiquetas de las tiendas y meterle a todo un montón de euros más, es la crisis, se puede, no pasa nada. Además, es planetaria. Ahora en la tele dicen que esta situación no es global ni internacional, es planetaria. Quizá manaña sea extraterrestre. No se puede hacer nada, resignarse y rezar.

Por cierto, uno de los expertos a que me refiero explicó el otro día que no hay nada peor que la deflación, que los precios caigan. Vaya por dios. Ahora que ya habíamos entendido al fin que la inflación era mala, va y nos sale otro fantasma, la deflación. Éso no puede ser, es que tenemos que comprar y comprar y consumir y consumir, sin ganas, quelosepas, amable lector, compra compulsivamente veinte litros de leche cada día en lugar de cinco, no por si viene una guerra -que igual sí-, sobre todo porque aún es peor la deflación. Debe ser algo horrible. Seguro que es algo imponente. Algo imponente, sí, como anoche dijo Dionisio al rato de enseñárle las lucecitas del puerto a Paula.

Hubiera deseado decirle a Zapatero que cesara de suplicar al G-20 o como se llame para que le dejan entrar. Yo de él convocaría una reunión de pobres.

Porque los pobres son muchos, muchísimos. Con una mínima parte de la millonada que se inyectará a las entidades bancarias se erradicaría la pobreza en el mundo. Pero ésto es demagogia.

Y en qué creo yo, diréis. Yo, la verdad, creo en muchas cosas. Todavía.

Creo en la bondad de la gente, en el cariño de quienes me quieren y a los que quiero. En las ideas surgidas de la esperanza. Y en los duendes.

Y creo, creo firmemente que no hay crisis sino sólo una sinvergonzonería de los poderosos, los cuatro ricachones que gobiernan el mundo por encima y más allá de todos los gobiernos. Y que, cada cierto tiempo, redistribuyen su Monopoly, reparten su riqueza por placer, juegan a las cartas, se hacen notar y con sus caras hipócritas de analfabetos que aparentan saber muchísimo convencen al resto de humanoides de que algo horrible, muy horrible pasará si no continúan siendo pobres, que es su obligación. Su obligación para siempre para siempre.

No me hagáis ni puto caso, porque es que yo digo muchas tonterías.

I e s u

(ciudadano enajenado parcialmente total)

Viaje

26 Oct

Jorge ha tenido que irse a su amada Galicia, esta vez sin querer, sino por motivos familiares graves. Que todo vaya bien, dentro de lo posible. Que cuide de su familia, les dé ánimo y reparta cariño, como le dije antes. Caminar por la vida regalando cariño, afecto, amor, amistad, unión, comprensión, tolerancia, es lo más, lo único que importa, al final, al principio y en medio de cada ruta. Y es el germen que hará posible las ideas de justicia, solidaridad y progreso que desde tantos ámbitos y desde aquí mismo buscamos con ilusionada impaciencia.

I e s u

(Ciudadano Regente en horas bajas)

La vida no está en juego

30 Ago

A vueltas con la reflexión anterior, cambiar o no cambiar de opinión, me viene al pensamiento lo siguiente. No quería inmiscuirme en este berenjenal para no meter la pata ni hacer demagogia de asuntos trágicos, así que seré breve; estoy realmente cansado de escuhar por la tele cada día a los expertos afirmar que en el accidente de avión de Barajas no hubo nada fuera de lo normal, que se actuó en todo momento de acuerdo con el protocolo (sólo faltaba que éso no hubiera sido así!) y no se detectó nada que impidiera el vuelo. Si les dejas media hora seguida serían capaces de convencerte de que el accidente no ha ocurrido (el hombre puede demostrar aquéllo que quiere creer). Por no hablar del error en la entrega de uno de los cuerpos (se apresuran afirmando que no hay errores en la identificación sino que de haber un fallo es de otro ámbito; siempre lo mismo). Hoy la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, ha informado sobre conversaciones grabadas en Spanair que barajaron la posibilidad del cambio de la aeronave tras la primera avería (ésto es decir las cosas claras). Un dato bastante revelador.

El 82% de los pasajeros de los aeropuertos valencianos llegan con líneas de bajo coste, informa LAS PROVINCIAS hoy. Sólo falta que en la batalla actual por la competencia entre las compañías tradicionales y las nuevas se ponga en riesgo la seguridad de los pasajeros, que hasta ahora compraban alegremente el billete más económico que encontrabn por Internet sin preocuparse de si el avión llevaba alas. O que, de otra parte, se nos quiera convencer de que la seguridad la tendremos que pagar cara, como ha sido siempre. 

En otro oden de cosas, similar en su contenido profundo, fue notica hace unos días la muerte de una mujer en León por la enfermedad de Creutzfeld-Jakob, la variante en humanos de la encefalopatía espongiforme, conocida como mal de las vacas locas (presuntamente). Se da el caso de que su hijo (entre otros) falleció unos años atrás por la misma causa. Escuché ayer en un informativo que ambos podrían haber tenido una predisposición genética que les hiciera vulnerables a la adquisición de dicha enfermedad. No, si aún tendrán ellos la culpa. La culpa siempre es del otro, dice el Diagrama de Flujo (versión española válida para todas las comunidades autónomas; quería enlazarlo pero no sé por dónde lo guardo y mejor no hacer humor con los temas que cito). Cuando algo así ocurre vuelven a salir los que entienden del tema para asegurar que es imposible o casi imposible que algo así ocurra. (Oiga mire, es que ha ocurrido). Dicen que es imposible o casi imposible el contagio de esta enfermedad al ser humano. A ver, imposible no es lo mismo que casi imposible. Casi imposible quiere decir que es posible. Sé el control exhaustivo que se lleva en este tema, lo conozco de primera mano, pero no me gustan las explicaciones sin sentido.

Desearía que los esfuerzos que realizan los expertos en justificar lo injustificable o en negar la evidencia los invirtieran en estudiar en profundidad (más y mejor, sí ya sé que lo hacen) las causas de los hechos y evitar en lo posible que ocurran. Éso es todo.

Ciudadano Iesu