Tag Archives: educación

Las notas

9 Dic

Visto en el TL de @spanishwalker

Más gente solidaria

24 Abr

Siempre he creído que el camino más fructífero para arribar a la paz y la equidad social es el de la educación. Nada sólido puede construirse si no se cimenta en ella.

El resto, vendrá luego por añadidura.

Por fortuna hay gente que además de pensarlo, se decide, se une y apuesta por ello.

Los que hacen Lápices para la Paz parecen ser de los que construyen con sonrisa en rostro… y eso multiplica los buenos resultados.

Les dejo el enlace de su web y los invito a votarlos en El Poder de la Gente, creo que lo merecen.

Lápices para la Paz

Proyectos desde las aulas | Argentina

29 Nov

Gracias

Es sabido que la educación es el motor principal de la evolución de una sociedad, por lo que incentivar los proyectos tendientes a interactuar en beneficio de sus integrantes no sólo es loable sino que, además, significa una apuesta a la esperanza.

En este marco quiero difundir algunas experiencias educativas que han sido recientemente premiadas por su acción a favor de la integración, de la lucha en contra de la deserción escolar y en pro de la acción efectiva dentro de la comunidad en que se desarrollan.

El Premio Comunidad a la Educación, otorgado por la Fundación La Nación y un grupo de empresas privadas argentinas patrocinantes del mismo, se establece desde hace tres años como incentivo a las acciones solidarias y participativas promovidas desde instituciones escolares de todo el territorio.

Este año, la convocatoria despertó una fuerte respuesta en todo el país, lo que quedó reflejado en las 224 experiencias presentadas. Cada uno de los ganadores recibió $ 30.000 y un documental sobre su práctica realizado por la Fundación Arte Vivo, que ayudará a su difusión.

PROYECTOS GANADORES 2009

Los proyectos ganadores fueron el de lectoescritura bilingüe (español-myba guaraní) del Instituto Aborigen Bilingüe Takuapí Nº 1113 de Misiones; No te dividas ni seas resto, vení, sumate y multiplicarás, de la Escuela Cura Brochero de Córdoba; la audiencia pública juvenil impulsada por la Escuela Don Jaime de Nevares de San Carlos de Bariloche, y el proyecto de reinserción escolar comunitaria de la Escuela La Salle González Catán de La Matanza.

Se trata de prácticas que alientan estrategias para atender los problemas de fracaso escolar, promover el interés de los chicos por aprender matemática, favorecer la recuperación de las culturas aborígenes y estimular la inserción de los jóvenes en la realidad política y social de su comunidad.

Además, recibieron menciones: El proyecto de escolarización de preadolescentes de la Escuela Nº 337 de El Bolsón; la Atención a la diversidad del Colegio Madre Teresa, de San Fernando, y el Grupo Teatro Danza Aprender a Volar, de la Escuela de Educación Especial Nº 2 de Resistencia, Chaco.

Los invito a ver el vídeo donde se explica cada experiencia.

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Proyectar el futuro | Una historia pequeñita que merece ser contada

26 Jun

Voy a transcribir el siguiente artículo (al que he llegado por absoluta casualidad) donde se pone de relieve la experiencia de una médica argentina que, como tantos, hacen de su trabajo una verdadera vocación y un ejemplo que se debe dar a conocer.

Por otro lado, manifiesta una parte vergonzosa de nuestra realidad: La marginalidad y miseria que muchos de nuestros hermanos sufren desde siempre, sumidos en un círculo de degradación terrible  que requiere imperiosamente ser interrumpido.

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Nuestros niños | Nuestro futuro

Nuestros niños | Nuestro futuro

Valeria, una historia pequeñita que merece ser contada

Las crisis en las familias marginales como producto social

Dra. Silvia S. Correa

Medicina General

Becario Doctoral CONICET

Universidad Nacional de Tucumán

2004

Resumen

El presente trabajo, presentado como un relato de experiencia permite al lector familiarizarse con una de las tantas experiencias que se presentan a menudo en el consultorio médico. La misma se desarrolla en la localidad de Güemes a 45 Km de Salta Capital. Este lugar se caracteriza por tener una población con alto índice de pobreza y marginalidad, flagelos que han instalado en este paraje desde el cierre del ferrocarril, principal fuente económica.

El presente relato es sólo una de las tantas historias que se presentan a diario, las que por lo general quedan sepultados en el olvido. Esta familia vive en la marginalidad extrema, con profundas fallas estructurales y cuyo destino es muy difícil de cambiar, debido a los llamados procesos transgeneracionales (Fonagy et al. 1994), en los que las historias de privación, abuso y negligencia parecen repetirse sistemáticamente a través de las generaciones.

Valeria

Transcurría una calurosa tarde de octubre, prácticamente el final de la jornada, el ventilador de techo da vueltas monótonas, echando bocanadas de aire caliente en el consultorio de la guardia. Aquél era un día como tantos de verano Güemense, hacía demasiado calor, a éso se sumaba la interminable fila de madres con niños afuera, irritados por la espera y el sopor de la tarde. Cansada, miraba el reloj esperando que las horas trascurran con mayor rapidez, espiando a través de la puerta, y rogando que cada niño sea el último, para poder levantarme de la silla e ir a estirar un rato las piernas. En el final de la tarde el cansancio obliga a concentrarse más en cada caso. La mente casi no razona, la sonrisa se a borrado hace rato, las consultas son de menor de duración, y no hay tanto tiempo ni paciencia para explicar una vez más a la madre, que la diarrea curará con normas de higiene, agua hervida y paciencia.

Así me encontraba, cuando al consultorio llegó Valeria. Era una niña de siete meses que su madre traía en brazos. La depositó en la camilla. El Dr. Villa la había revisado previamente, y me había advertido de ella. Temprano le había pedido unos análisis y hacia más de tres horas que la esperaba. Cuando la vi entrar le puse especial atención. La niña estaba soporosa, apenas habría los ojos, y emitía un llantito que semejaba más un quejido triste y monótono, movía la cabeza hacia un lado y hacia el otro, en forma de negación, una y otra vez. Tenía la cara llena de manchas rojas, los ojos apagados y los más tristes del mundo, su ropita estaba muy sucia, no tenía pañales y estaba toda mojada.. Mire a su madre, tenía el mismo aspecto de la niña, la fisonomía de la tristeza y la miseria, profundas arrugas surcaban su rostro y su mirada era vacía, como si no le importara lo que sucedía a su alrededor. Rápidamente le realice el tratamiento, vía, análisis, cultivos, hidratación y hospitalización. La asumimos como una niña desnutrida, en grave estado séptico, a foco enteral, ya que cursaba una diarrea prolongada y una deshidratación que, sin tratamiento oportuno, habría llevado al óbito a la pequeña en un clima tan hostil como el de aquella tarde.

Al día siguiente fui a la sala de Pediatría, esta vez, como su medico responsable. Entre en la habitación y la encontré dormida, llena de moscas, con la cama mojada, los pantalones del día anterior aireándose a los pies, seguramente una vez secos serian vueltos a usar. Valeria estaba un poco mejor, al menos hidratada, pero sumamente irritable. A diferencia del día anterior hacia frío. Le pedí a la madre que la higienizara, y me fui rápidamente a buscar a María Elena, una dulce enfermera que cumple funciones en el consultorio externo. Sabía que por su naturaleza podría ayudarme a encontrar algunos recursos para la niña. Ella como siempre, de muy buen grado accedió a buscar pañales jabón y ropa limpia para Valeria. En menos de quince minutos la madre disponía de todos los elementos mencionados y María Elena, comenzó con tono firme a dar una breve charla educativa a Ema, la mamá, sobre la importancia de la higiene. En ese momento me di cuenta que presenciaba la escena, una mujer de aspecto humilde, que aun costado y en silencio escucho a la enfermera. Luego dijo: “-Yo también soy pobre señora, y uso trapitos de pañales, para mi niño, pero el ser pobre no es ser sucio. En mi casa lavo los pañales con jabón blanco y no gasto nada…-” Ella le pidió la dirección a Ema y le prometió ir a visitarla. Con asombro observé desde un rincón la escena, sentí gran admiración por la desconocida mientras se alejaba con María Elena, que, como siempre esbozó una gran sonrisa, “-Ya está doctora.-“ Me dijo y se marchó. Me fui a ver la carpeta, comparar resultados de laboratorio y leer el informe de enfermería. Cuando volví a la habitación Valeria lloraba muy enojada, en su mirada había gran tristeza hasta me atrevería a decir dolor. Una madre cuando me vio, acuso a Ema de haber bañado a la niña con agua helada, cuando a pocos metros había caños de agua caliente. Invadida por la impotencia, al vivir una circunstancia que no podía solucionar con medicamentos, suspire y solo le indique a Ema donde estaba el baño con agua templada “para la próxima vez”.

Al siguiente día visite a la niña, estaba muchísimo mejor, las manchas del rostro prácticamente habían desaparecido, pero aun continuaba irritable y moviendo la cabeza en una negación constante, jugaba con un viejo sonajero y su madre como siempre sentada junto al lecho sin tocarla. A veces se retiraba y la niña lloraba sin que nadie asistiera a sus protestas.

En los días sucesivos, Valeria se mostró más conectada con el medio, sonreía y su mamá la tenía más tiempo en brazos, ya no lloraba tanto y jugaba más con su sonajero, hasta sus ojos tristes estaban mas brillantes.

A pesar de la excelente evolución clínica, prolongué la internación, ya que en la misma se había producido un importante interacción entre madre e hija, que quizás antes, por la falta de tiempo, y los numerosos niños al cuidado de Ema, no le permitían la dedicación adecuada y suficiente, que demanda una bebe de siete meses. De pronto, Valeria se había transformado en una niña vivaz, interesada por su alrededor, una paciente modelo, que en vez de llorar sonreía mientras la revisaba.

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