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Aquella primera burbuja especulativa…

18 Ene

La “tulipomanía” se convirtió en la primera burbuja especulativa de la historia del capitalismo, un proceso económico por el cual un activo (en este caso las flores) se revaloriza continuamente fuera de cualquier lógica económica durante un tiempo prolongado, hasta que se produce una fuerte corrección a la baja de su valor.

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Pánico

10 Nov

Advertencia. El presente post puede herir tu sensibilidad. No es recomendable para entendidos, gente normal o políticamente correcta.

Yo no creo en la crisis. No es que no crea en ella. Es que creo que no existe. Que quede claro porque si no te enredan como lo de creer en dios. Los creyentes piensan que dios existe y que hay quien cree y quien no cree en él (los malos). No se percatan de que quien no cree no es que no quiera creer sino que cree que no existe. A todo ésto, yo no soy creyente pero es casi como si lo fuera, ya que por efecto del sentido religioso de la vida que nos acompaña a quienes hemos sido educados desde esa cultura, según mi siempre admirado Salvador Pániker, me envolverá forever el sentimiento extraño de querer algo que tu mente te niega.

Pues bien, no creo en la crisis. Me avergüenza oir hablar de crisis. Nunca entendí el pánico que dicen que algunos tienen -y del cual nos hablan diariamente los medios de comunicación, aterrados- cuando caen las bolsas de valores. Pánico, qué pánico! Cuando baja la bolsa los ricos recogen beneficios millonarios. Y cuando sube preparan su inversión para obtener más beneficios millonarios a la próxima aventura. Y mientras tanto tienen excusa para atormentar al resto de los mortales hablando de crisis y joderlos durante una década o un par de ellas, pisoteándoles en el cuello de su miseria e impidiendo todo progreso de la raza humana.

No me creo la teoría de las hipotecas subprime, hipotecas basura, difundida en Internet y a la que sólo falta otorgarle el premio Nobel a su creador por lograr convencer al mundo de una chorrada que se le ocurrió a alguien en fase de aburrimiento agudo.

No me creo que ningún banco esté pasando apuros. Ninguno. Están divertidísimos viendo el panorama que se les avecina. Los de los apuros somos el resto de la humanidad. Y aún en el caso remoto de que estuvieran en apuros me parecería genial que ellos estuvieran en apuros con el fin de que el resto de ciudadanos honrados puedan vivir dignamente, tener una casa y tal o no morirse de hambre. Pequeñeces.

No apruebo que el dinero público se inyecte a dichas instituciones porque sí, sin explicaciones y sin conocer los datos. Y con explicaciones tampoco.

No me creo éso de que estábamos en una burbuja. La burbuja la ponen y la quitan a su gusto. Más bien estamos sumidos en la burbuja de la ignorancia, la desinformación y el cutrerío. No aguanto a los expertos economistas y de todo tipo que proliferan como champiñones afirmando que ya lo sabían (ya lo sabía, ya lo sabía!), que ésto estaba cantado. Haberlo cantado antes. Los economistas hacen como los adivinadores o echadores de cartas (me encantan, yo voy a poner un chiringuito porque tengo poderes), que en lugar de profetizar el futuro te adivinan el pasado una vez ya se lo has contado. Éso, los más audaces.

También actúan como los obstaculistas generalizados. Sí, esa gente que ante cualquier reto planteado se dedica a animar al valiente iluso explicándole al oído que jamás conseguirá su objetivo; y cuando lo logra -que algunas cosas se logran- no reconoce su esfuerzo, sólo dice, lo sabía, tenía que ocurrir. Como si mañana cae un meteorito. No se inmutan.

Al calor hogareño de la supuesta crisis las empresas aligerarán personal, despedirán a media plantilla, porque siempre le viene bien a una empresa despedir a media plantilla, es el momento ideal. Los salarios se paralizarán, en especial los adscritos a la función pública, ya medio hibernados décadas atrás, hasta hacer realidad -que lo lograrán de nuevo- la frase que en mi tierra solían decir mis abuelos… passes més fam que un mestre d’escola.

Los precios de todas las cosas que se venden por ahí -parafraseando el nick de un buen amigo- subirán, porque es el momento adecuado para cambiar las etiquetas de las tiendas y meterle a todo un montón de euros más, es la crisis, se puede, no pasa nada. Además, es planetaria. Ahora en la tele dicen que esta situación no es global ni internacional, es planetaria. Quizá manaña sea extraterrestre. No se puede hacer nada, resignarse y rezar.

Por cierto, uno de los expertos a que me refiero explicó el otro día que no hay nada peor que la deflación, que los precios caigan. Vaya por dios. Ahora que ya habíamos entendido al fin que la inflación era mala, va y nos sale otro fantasma, la deflación. Éso no puede ser, es que tenemos que comprar y comprar y consumir y consumir, sin ganas, quelosepas, amable lector, compra compulsivamente veinte litros de leche cada día en lugar de cinco, no por si viene una guerra -que igual sí-, sobre todo porque aún es peor la deflación. Debe ser algo horrible. Seguro que es algo imponente. Algo imponente, sí, como anoche dijo Dionisio al rato de enseñárle las lucecitas del puerto a Paula.

Hubiera deseado decirle a Zapatero que cesara de suplicar al G-20 o como se llame para que le dejan entrar. Yo de él convocaría una reunión de pobres.

Porque los pobres son muchos, muchísimos. Con una mínima parte de la millonada que se inyectará a las entidades bancarias se erradicaría la pobreza en el mundo. Pero ésto es demagogia.

Y en qué creo yo, diréis. Yo, la verdad, creo en muchas cosas. Todavía.

Creo en la bondad de la gente, en el cariño de quienes me quieren y a los que quiero. En las ideas surgidas de la esperanza. Y en los duendes.

Y creo, creo firmemente que no hay crisis sino sólo una sinvergonzonería de los poderosos, los cuatro ricachones que gobiernan el mundo por encima y más allá de todos los gobiernos. Y que, cada cierto tiempo, redistribuyen su Monopoly, reparten su riqueza por placer, juegan a las cartas, se hacen notar y con sus caras hipócritas de analfabetos que aparentan saber muchísimo convencen al resto de humanoides de que algo horrible, muy horrible pasará si no continúan siendo pobres, que es su obligación. Su obligación para siempre para siempre.

No me hagáis ni puto caso, porque es que yo digo muchas tonterías.

I e s u

(ciudadano enajenado parcialmente total)