Sociedad y responsabilidades

2 Ene

Cada pueblo es responsable de los gobernantes que se elige y no cabe buscar causales fuera de sí mismo a la hora de intentar explicar los desbordes, incoherencias y corrupciones que suceden dentro de una sociedad.

Si bien muchos se adhieren intencionalmente a las teorías de la dualidad antagónica -nosotros vs los otros- para dar sostén a su propia idiosincrasia extrema e intolerante y así tener a mano un justificativo foráneo para todo mal que pueda surgir, si analizamos la realidad sin fanatismos, comprenderemos que las raíces de lo que sucede siempre está latente en los sustratos íntimos de una sociedad y las cosas surgen por alguna razón que no se puede más tarde negar o desconocer: si se padecen malos gobiernos, si se desarrollan tiranías o dictaduras, si se instaura la corrupción, si se tolera la falta de transparencia, el fraude, la inmoralidad, la mentira estructural y la falta de compromiso con lo que se promete, entonces luego se deben asumir las consecuencias y responsabilidades que le cabe a cada quien.

Nadie puede asumirse como víctima pasiva que debió sufrir sucesos ajenos e imprevistos. Siempre hay antecedentes o señales que anunciaban lo que se venía más tarde, y si en su momento, cuando había tiempo, no se hizo nada para impedirlo, después no cabe hacerse los inocentes mirando para otro lado y diciendo; “yo no sabía” o “yo no participé”.

Claro que en todo suceso histórico habrá actores principales que deban asumir mayor responsabilidad que otros, agentes directos que actuaron en primera persona a la hora de decidir, pero el resto, la gran mayoría que en su medida y desde un secundario rol protagónico también fueron parte de lo que aconteció, no puede, a la hora de echar culpas, dejar de lado su propia responsabilidad participativa.

Son las grandes mayorías -tantas veces sumisas y silenciosas- las que han dado sustento y legitimidad a los gobiernos que han ido marcando -para bien o para mal- los vaivenes de nuestra historia, y como tales, deben hacerse cargo de las responsabilidades que les toca. El pueblo alemán fue responsable de que surgiera un Hitler. Los italianos tienen responsabilidad de que un Berlusconi haya estado en el poder por casi dos décadas. Los argentinos de que haya habido un Menem y más tarde un kirchnerismo transmutado de esa misma raíz. No cabe mirar para otro lado ni pensar que los responsables hayan sido sólo quienes los votaron, asumiendo más tarde la revancha de lo que en un principio quizás se cuestionó.

Si se está en contra de la intolerancia, de los antagonismos no se puede luego recurrir a ellos como consecuencia justificada de lo que se dice combatir. Más cabe preguntarse por qué las cosas pudieron ser toleradas sin cuestionamientos efectivos, sin reacciones orgánicas legítimas cuando se vieron afianzarse en medio de una sociedad pasiva que sólo reaccionó esporádica y parcialmente cuando se vio afectada en su bolsillo o en sus intereses sectoriales, dejándose engañar por los cantos de sirena del momento si se presumían vientos a favor.

Por eso, para hacerse cargo del papel que nos toca en cada etapa de nuestra historia, asumiendo en plenitud las responsabilidades de nuestras insolvencias como sociedad,  bien cabe ejercitar la memoria y reflexionar sobre lo que hicimos, dijimos y dejamos hacer o decir.

No justifiquemos lo injustificable repitiendo como ilusos el cuento de que lo que antes se reivindicó como verdad, más tarde no se pudo cumplir por imposiciones ajenas. Asumamos la responsabilidad de enfrentar que, como nación y sociedad, hemos sido inconstantes e insustanciales en nuestros postulados, en nuestras acciones, en nuestras banderas alzadas.

Si antes de ayer se toleró que se privatizara el petróleo sin queja y con aplausos, si más tarde se cantó el himno de las mieles de la “revolucionaria” nacionalización y hoy se mira sin reacción cuando -como logro- se presenta lo que se llama “acuerdo” e implica una derogación con nueve ceros en dólares, asumamos al menos que no hay sustento en lo que  dice ser ideología o modelo económico nacional y popular y pongamos en claro que sólo se gobierna según las implicancias del momento, diciendo lo que se quiere oír y disimulando la falta de coherencia bajo un manto de pragmatismo que busca justificarse con la actitud inmadura de quien, luego de haber comprobado un rechazo en las urnas actúa por despecho irreflexivo y pregunta: -¿no era esto lo que decían cuestionar?-

En lo personal, intentando hacer buena memoria y meditando de la mano de quien hace gala de extraordinaria capacidad de análisis e irónico buen humor, suelo dejarme llevar por las elucubraciones publicadas en el blog Relatos del presente, con las que, si bien no concuerdo siempre en un 100%, comparto en general en cuanto a su punto de vista frente a la realidad política argentina.

3 comentarios to “Sociedad y responsabilidades”

  1. Jesús V. Ferrer 2 enero, 2014 a 2:28 pm #

    Interesante reflexión.

    Estoy de acuerdo en que la sociedad, formada por individualidades compartidas (no escurramos el bulto) debe desempeñar un papel principal en la creación y transformación de su propio destino; y en que hay épocas históricas en que se aprecia una rica efervescencia socio-política y otras en que la masa se desvanece oprimida, dormida en su nihilismo.

    Sin embargo, también pienso que determinados hechos y personas, con poderes absolutos o consentidos, son directamente responsables de períodos nefastos en la historia de la humanidad (o, en ocasiones, justo de lo contrario, de generar etapas de avance sustantivo): no debemos en esas circunstancias hacer recaer la culpa o efecto causal en nosotros mismos sino en quienes realmente ostentan la responsabilidad, por muy tibia o nula que sea la actitud social ante ellos.

    Un abrazo, y que tengamos buen año.

    • Mónica Frau 2 enero, 2014 a 5:21 pm #

      Desde luego que no. Los responsables directos deberán en su momento, no sólo enfrentar las responsabilidades cívicas y políticas que les quepan, sino por supuesto- las penales.
      No es la misma responsabilidad para quien tira del carro o quien, en cambio, lo guía.
      Me sumo a tus deseos!
      =)

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  1. Bitacoras.com - 2 enero, 2014

    Información Bitacoras.com

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