Asistencialismo

21 Nov

¿Progresismo o conservadurismo?

Contrario a lo que predican ciertos pretendidos progresistas, los asistencialismos prolongados en el tiempo -más allá de los momentos críticos en que su implementación sí resulta imprescindible- los subsidios sin compromisos de retorno por parte de los beneficiados, lejos de constituir un avance, resultan ser claves para el estancamiento social, ya que no sólo generan sostenida dependencia por parte de los beneficiarios hacia los organismos -y actores políticos intermediadores- que los otorgan, sino que además contribuyen a la consolidación de la pobreza como un mal endémico y estructural de la sociedad.

No es positivo que el Estado subsidie sin requerir una contrapartida de retorno del beneficiario, ni que lo haga a través de agrupaciones intermedias que redistribuyan discrecionalmente y sin control. Tampoco es bueno que ese subsidio no tenga como objetivo primordial el despegue de esos sectores más deprimidos, generando y exigiendo, por ejemplo, la contra-aportación de una actividad económica sustentable.

Si el aporte del Estado se asume como una mensualidad permanente y sin requisitoria de superación personal y/o familiar (por ejemplo: la adecuada escolarización de los hijos) el asistencialismo corre serio riesgo de generar una inacción manifiesta por parte de los beneficiados, quienes ya no encontrarán atractiva una inserción laboral formal que los saque del  estancamiento y la dependencia (que implicaría la pérdida de esos subsidios asistencialistas) sino que se limitarán a “trabajar de pobres” en forma permanente, apenas complementando esos ingresos con tareas eventuales y/o la mendicidad y cirujeo.

El asistencialismo así implementado resulta ser un instrumento conservador que garantiza, no sólo la dependencia hacia el gobierno de turno, sino fundamentalmente, la consolidación de la pobreza como parte estructural de una sociedad cada vez más parcializada y desigual.

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7 comentarios to “Asistencialismo”

  1. Mónica Frau 21 noviembre, 2012 a 4:36 pm #

    Puedo sostener lo que digo con lo que observo en mi pais.

  2. Mónica Frau 21 noviembre, 2012 a 4:39 pm #

    Entiendo que la ayuda estatal debe existir, por supuesto, pero con el objetivo de ayudar a los sectores más vulnerables para dar “el salto” hacia una situación social más activa, autosuficiente y autosustentable en el tiempo. O sea, debe motivar a la superación personal y grupal, no limitarse a mantener una marginalidad dependiente.

    • Jesús V. Ferrer 22 noviembre, 2012 a 2:30 pm #

      No debemos dejar que se convierta en clientelismo, es verdad, ni mucho menos en caridad política; la política no debe entender de caridad, sino de justicia social. Pero… todos los peros que podamos poner no pueden obviar la realidad: la realidad de una sociedad muy injusta, donde los poderosos hacen y deshacen a su antojo y las clases medias y bajas sufren todo lo sufrible y más. En nuestro país se habla ahora alegremente del Estado de bienestar perdido como si hubiera sido un derroche, hasta la gente que yo llamo normal lo dice, lo explica, les han convenido, y no es verdad, no es ningún derroche garantizar los derechos básicos del ser humano, no es una crisis, es una estafa, no es un lujo, es nuestra obligación, la obligación de todos y por supuesto la de los gobiernos del mundo: garantizar los derechos fundamentales, el acceso a una vivienda digna, a la sanidad universal y gratuita, a la enseñanza pública… Nos convencen de lo que quieren, Mónica, todos acaban explicando la crisis con sentimiento de culpa, como si vivir dignamente hubiera sido el mayor de los delitos. Y no, mil veces no. El mayor de los delitos es impedir que eso sea así, el mayor de los delitos es generar una situación de inestabilidad injustificada que favorezca siempre a los mismos en detrimento de la gran mayoría que al final acaba votándoles.

      Has sido muy dura en tu artículo, aunque luego lo has suavizado con tus comentarios. Creo firmemente en la acción protagonista de los poderes públicos emanados democráticamente del pueblo soberano para garanizar un progreso social que, dejado al libre mercado de las sociedades y las personas no alcanzaría otra cosa que el individualismo egoísta e insolidario. La gente -por lo genertal- no crea riqueza para favorever a la humanidad, sino para mantener sus privilegios. La marginalidad no es dependiente: la marginalidad es simplemente marginalidad y debe darnos vergUenza que exista; dudo que los sectores privados puedan, sepan o quieran que deje de serlo.

      Eso sí: una acción pública transparente, libre de ataduras, de compraventas emocionales de votos, de clientelismos, de miedos. Seamos libres, seamos responsables, pero ante todo, seamos justos. Y sé que piensas así, aunque esta vez entiendo que has preferido dejar patente tu precaución ante una posible acción pública desmedida, improductiva o tendente a la manipulación de las masas.

      Como casi siempre, pienso con el coco y escribo con el corazón. Te entiendo, no te creas. Un abrazo, Mónica.

  3. Mónica Frau 22 noviembre, 2012 a 5:33 pm #

    Comprendo y comparto -cómo no, tu punto de vista- de hecho he publicado varios artículos anteriores en donde se valora y se aprecia distintos esfuerzos que el Estado -en cualquiera de sus estamentos- viene realizando como apuntalamiento de una estructura social injustamente desigual y como herramienta imprescindible para hacer frente a las duras crisis que aquí padecimos por el 2000 y por allí sufren más en estos días. Pero considero que este accionar del Estado no puede -por inefectivo y contraproducente- perpetuarse en esos términos. Todo lo contrario, debe buscar seguir interviniendo como catalizador de los potencialidades que se deben rescatar de la sumisión y la chatura a la que, de otro modo, se condena a las clases más postergadas. a la larga resulta ser una medida netamente conservadora, porque no busca mejorar la situación, sino que la estanca y la condiciona. A tal punto que, si se le sacan esos subsidios de miseria, otra vez quedan tal cual estaban hace diez años… y eso no es progreso, no es justicia social, simplemente es especulación electoralista y dependencia a perpetuidad. No proponen una salida. Eso es lo que me demuestra la experiencia.

    Otro tema a debatir -ahora no tengo tiempo- atañe a los distintos requerimientos del accionar estatal en los distintos estados de la sociedad. Una cosa es accionar sobre una clase media deprimida y venida a menos por las malas políticas económicas y otra es intervenir en sectores sumergidos en la pobreza y la marginalidad desde siempre.

    Te dejo por ahora, que me reclaman! Jejeje…

    • Jesús V. Ferrer 22 noviembre, 2012 a 6:12 pm #

      Sí, la cuestión es hasta dónde deben actuar los poderes públicos para no convertirse en generadores improductivos y cómo lograr que los sectores privados contribuyan honestamente al bien social.

      Continuaremos, pues.

  4. Mónica Frau 22 noviembre, 2012 a 7:08 pm #

    Retomando, creo que lo básico que el Estado debe garantizar en todos los sectores es el acceso al agua, a la alimentación de la niñez, a la sanidad, a la educación. Después de ahí tiene que ser motivador, incentivador, debe dar el puntapié inicial, los lineamientos estructurales y organizar las acciones para que la misma gente sea capaz de ir generando su propio modo de superación sustentable. Pienso en los microcréditos de Yunus apuntalando los microemprendimientos de las mujeres en la India, pienso en cooperativas de trabajo, en huertas comunitarias, en la organización de talleres de artes y oficios. Pienso en la facilitación de terrenos y materiales para la construcción de viviendas por auto-construcción, pienso en la implementación de centros barriales para educación y capacitación de adultos, en la creación de hogares de tránsito para los llamados chicos de la calle. Todo eso no es asistencialismo, eso es inversión en estructura social. En cambio, la dádiva sin control, los planes de subsidios sin seguimiento ni mínima retribución sólo llenan agujeros que se destaparán más adelante, porque no se cambian las condicionantes que determinan esa marginalidad. Cuando el objetivo del accionar del Estado es realmente progresista, cuando realmente se quieren cambiar las cosas, bien vale aplicar aquello de “no sirve regalar pescado, es más útil enseñar a pescar”.

    Ahora, cuando el Estado debe minimizar las nefastas repercusiones de los mal llamados “ajustes” sobre las clases medias y asalariadas, dada la premura de soluciones y la marcada retracción del consumo resulta imprescindible pensar en alicientes económicos o subsidios momentáneos que sostengan a quienes se vieron, de repente, afectados por la recesión. En estos casos no será necesario reforzar la llamada “cultura del trabajo”, porque precisamente se trata de gente que estaba insertada en el mercado laboral y conoce sus beneficios. Una vez que hayan pasado los malos vientos, estarán capacitados para sostenerse por sí mismos otra vez sin necesidad de dependencias económicas por fuera de las estructurales.

    O sea, no se pueden igualar las acciones de apuntalamiento social en distintas circunstancias, habrá políticas más adecuadas para cada necesidad e instancia (y por supuesto, siempre estarán marcadas por la ideología que prime en los gobiernos de turno).

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  1. Bitacoras.com - 21 noviembre, 2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: ¿Progresismo o conservadurismo? Contrario a lo que predican ciertos pretendidos progresistas, los asistencialismos prolongados en el tiempo -más allá de los momentos críticos en que su implementación sí resulta imprescindible…..

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