Gaseosa con dinamita

8 Ene

Unos años atrás -décadas ya- cuando no existían tomates ni sálvames ni tuíteres con que evadir el pensamiento cotidiano, cuando nadie sospechaba que estuviéramos ya en crisis porque una inmensa y fatasmagórica bola crítica impregnaba a todo ser viviente convirtiéndote en héroe a la fuerza, entonces y sólo entonces los hombres y mujeres que yo conocí supieron escribir su historia, convirtieron deseos en realidades, gozaron del furor heroico de los grandes; temblando de miedo construyeron un mundo que hoy nos arrebatan; no, no había tomates ni sálvames, sino tertulias literarias (¡sí, tertulias literarias a las cuatro de la tarde!), no había cobardes ni traidores, ni ladrones invisibles, los buenos eran buenos y los malos eran malos, muy malos; por la tele aparecían señores sin glamour a la hora de la siesta que decían cosas raras y apasionantes, tanto que a mi hermana y a mí nos sumían en debates eternos al volver de clase, hasta la madrugada y mas allá. Con sonrisas y una palabra vibrante desintegraban el mundo ante nosotros y volvían a crear uno nuevo en un santiamén. ¡Cómo echo de menos todo! Gracias, Álvaro Pombo.

“Sí, mi Román está cansado y frustrado ante el mundo; yo aún no, lo que puede hacer de mi un estúpido; tengo picos, pero gozo de buena salud, quizá eso me permite seguir pensando en este mundo platónico: creo que debemos hacer el bien o nos quedamos como criaturas inacabadas; el problema es que hoy estamos muy instalados en la filosofía del inacabamiento, del deslizarse por todo, muy rápido, todo por Internet… Lo que no sé es cómo se hace para reconducir esto; por eso escribo, porque la novela es gaseosa con dinamita: los experimentos afectivos se pueden hacer sin causar demasiado daño”.

El cómplice del antihéroe gana el Premio Nadal

Ahí está. Incansable, engarzando ya citas de un filósofo tras otro de buena mañana, aunque sea la de apenas seis horas después de haber acabado los fastos del 68 premio Nadal, que el pasado viernes ganó con El temblor del héroe, inquietudes (o falta de ellas, mejor) de un tal Román, profesor universitario jubilado que ni se inmuta ya ante la desgracia del otro, por más dramática que sea y que de alguna manera él critica.

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3 comentarios to “Gaseosa con dinamita”

  1. Mónica Frau 8 enero, 2012 a 1:59 am #

    No inmutarse ya ante la desgracia -sea ajena o propia- debe ser lo más parecido a la antesala de la muerte. Si nos matan la sensibilidad, ya nada queda.

    Un abrazo.

  2. Lidia H. 9 enero, 2012 a 12:24 am #

    Hoy tenemos mucha información pero poca sabiduría.
    No hay tiempo para la reflexión, ni para permitir que el conocimiento adquiera el necesario poso. Y no digamos ya para la sensibilidad, que se está convirtiendo en algo casi exótico.
    Quizá sea tiempo de cerrar los ojos, respirar hondo y abrir el corazón.

    Abrazos!

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  1. Bitacoras.com - 8 enero, 2012

    Información Bitacoras.com…

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