Estamos en guerra

23 Ago

La década cero de este siglo ha marcado la historia nacional como un período en el que se ha enfrentado una de las luchas más crueles en la historia de México. Una lucha sangrienta, de actos inhumanos contra la vida, de una ambición desmesurada por el poder y el dinero, de inseguridad social, de muertes.

Algunas cifras aseguran que más 40.000 vidas han sido concluidas como consecuencia de esta lucha. Vidas de civiles, de militares, gente del gobierno, de los mismos grupos delictivos. Entre los civiles: algunos reporteros, algunos otros empresarios, estudiantes, inmigrantes de Centroamérica, gente de la farándula. Entre los políticos: presidentes municipales, jefes policiales, secretarios de gobierno, candidatos a cargos públicos. Y las organizaciones criminales han visto reducidas sus filas que se nutren día a día con los anhelos de jóvenes en busca de ambiciones económicas maliciosas.

Esta década ha sido el pretexto de algunos políticos para salvaguardar sus intereses de carrera justificando las armas como medio de paz y estabilidad social. Políticos que viendo una crisis social por la denunciada ilegitimidad de los procesos electorales que les dieron cargos públicos, buscaron legitimidad a través de una guerra contra las organizaciones delictivas, principalmente las relacionadas al mercado de las drogas.

Del otro lado, los delincuentes, han visto la oportunidad para operar sin miedo a la muerte y sin el mínimo respeto por la vida con tal de adjudicarse el control de mercados, el aumento de ganancias económicas ilícitas y la confrontación a las estructuras del Estado.

Una lucha no iniciada desde la sociedad hacia el gobierno en turno como sucedió con los movimientos de hace cien y doscientos años, sino del gobierno en turno hacia grupos criminales que gobiernos anteriores auspiciaron por décadas. Hace doscientos años golpeábamos la monarquía española con la búsqueda de emancipación no sólo de los territorios actuales que hoy conocemos como México, sino de algunos otros que ahora conforman naciones. Hace cien años enfrentamos la lucha del sufragio efectivo y la no reelección y la estructuración de una democracia real. Cien años después, en esta década ¿cuál es nuestra lucha?

La situación actual de nuestro país -específicamente el control político, social y económico de las organizaciones de las drogas- ha sido el resultado de años de acuerdos y la corrupción de los servidores públicos pasados y algunos actuales con esas organizaciones. Por años, la estabilidad era lograda a través de negociar la libertad de sus operaciones ilícitas con el propósito de no ocasionar disturbios sociales a cambio de beneficios económicos para los servidores públicos. Era un acuerdo consciente y malvado que como sociedad veíamos y permitíamos por temor a represalias.  Era un mal que creíamos podía ser controlado siempre.

Por años, grupos de jóvenes eran llevados, algunos conscientes y otros obligados, a participar como miembros de estas organizaciones a cambio del sustento económico para una vida opulenta. Por años, el mercado de las drogas se extendió del país del norte a nuestras escuelas y espacios públicos. Por años, la edad de consumo de drogas llegó a los niveles infantiles. Por años, el consumo de las drogas era algo común: conocíamos gente adicta en nuestras familias, amigos, o vecinos; hacíamos bromas, la veíamos normal mientras no tocará nuestra casa.

Sí, tenemos una lucha que se ha convertido en guerra. Y no sólo es una guerra en contra de las organizaciones delictivas, sino de la corrupción misma, de la enfermedad misma de la que sufre México. Si perdemos esta guerra, si nos permitimos ceder contra esta guerra, estaríamos siendo sometidos, como país,  por grupos cuyo objetivo está centrado en el dinero y el poder por encima de las leyes y el bienestar social.

Más que cuestionar si esta lucha debe continuar o no, debemos trabajar en formas para que esta lucha sea menos con armas y más con el desarrollo de inteligencia que permita identificar los miembros de estas organizaciones y desarticular todo su aparato armamentista y estructural.

No sólo estamos obligados a deshacer la estructura de los grupos delictivos que en ocasiones funcionan mejor que la policía misma, sino que también estamos obligados a reducir el mercado de las drogas y de otros males como el secuestro, la esclavitud sexual y laboral, y los que se desprenden de estos. Estamos obligados a reformar el funcionamiento de nuestras instituciones que procuran justicia y del Poder Judicial, de nuestras organizaciones policiales, de los sistemas de readaptación social, del gobierno mismo. Estamos obligados a erradicar de nuestra cultura mexicana la corrupción como forma de vida, como forma de pensamiento, como algo normal con lo que podemos convivir, porque como toda enfermedad que no es atendida, termina por matar el cuerpo.

Concluiré con el siguiente texto escrito hace 6 años y con el cual me inicié en el mundo de los blogs. Texto que hace referencia a una de las ciudades mexicanas más dañadas, ciudad ubicada al norte, ubicada en la frontera.

Ciudad Juárez no es una mancha en el mapa de nuestro país, sino un síntoma. Es como ese pequeño lunar negro que aparece en la piel, el melanoma, que con frecuencia anuncia un cáncer que ya ha comenzado a invadir todo el cuerpo. Es México el que está enfermo.

Fernando del Paso

<Texto publicado: Gaceta Universitaria Año V, No. 394, 13 de junio de 2005>

 

Y hay sanidad para México.

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8 comentarios to “Estamos en guerra”

  1. Mónica Frau 23 agosto, 2011 a 4:53 am #

    Sin saber en detalle y desde adentro el terrible mal que la sociedad mejicana viene padeciendo, me animo a decir que va a ser muy difícil remontar la caida que la corrupción y la delincuencia han venido determinando en este pais hermano. Duele ver la impunidad y el sadismo con losque las bandas armadas se desenvuelven, poniendo en jaque a la gente que -quizás sin quererlo- ve manejar sus destinos por quienes sólo tienen en mente aumentar su poder y patrimonio.
    Terrible situación que espero sepan y logren revertir.
    Un saludo.

  2. Jesús V. Ferrer 23 agosto, 2011 a 10:48 am #

    He releído varias veces tu artículo, Jacob; gracias por tu colaboración, que te pedí encarecidamente. Conozco y quiero a México, como sabes, a través fundamentalmente de mi experiencia vivida. Si hay algo que no logro entender es la política mexicana (entre otras cosas, ya te haré una lista; también su religiosidad festiva y ancestral), sus claves. Me dejó muy pensativo el artículo publicado por Ccy en esta misma Agenda. Nuestra común amiga cuestionaba la lucha contra el narcotráfico, pensaba que no valía la pena esa guerra, por el gran daño que está ocasionando. Y cuál es la alternativa… ¿no actuar? Claro, habrá que actuar, pero mejor.

    Políticos que viendo una crisis social por la denunciada ilegitimidad de los procesos electorales que les dieron cargos públicos, buscaron legitimidad a través de una guerra contra las organizaciones delictivas, principalmente las relacionadas al mercado de las drogas.

    En cierta forma, cuestionas también, aunque con mucho tacto, esta dramática guerra. ¿No es peligroso dudar de las instancias oficiales? ¿No nos acerca ello a las posiciones extremas de quienes comenzaron esta batalla, dejándonos indemnes ante su terrorífica actuación? En definitiva: ¿nos olvidamos de quienes son los malos?

    Es todo muy complejo, probablemente. Desde este lado tendemos a analizarlo de una forma más fría, con la mente cuadriculada por nuestras propias estructuras políticas, sin entender la diversidad de un problema que se dispersa y ramifica en tantos otros que abarca toda una sociedad entera.

    Como bien dices… Más que cuestionar si esta lucha debe continuar o no, debemos trabajar en formas para que esta lucha sea menos con armas y más con el desarrollo de inteligencia que permita identificar los miembros de estas organizaciones y desarticular todo su aparato armamentista y estructural.

    Un abrazo, Jacob (muy largo). Y otro para Mónica.

  3. Mónica Frau 23 agosto, 2011 a 1:47 pm #

    Jesús, es muy probable que, como en toda guerra, los malos estén en ambos bandos…y afuera también.
    Se agradece el abrazo! =)

  4. Jacob 26 agosto, 2011 a 1:39 am #

    Gracias por sus comentarios, tíooooooo Iesu, Mónica. Respondiendo a ellos, aquí algunas ideas sueltas:

    Mónica: sí, luchar contra la corrupción no es sólo una tarea que México necesita ganar, sino muchos países alrededor del mundo. El problema en México es que la corrupción se nos hizo tan natural, que cuando vimos el daño que nos había hecho ya era demasiado tarde. El principio de todos los males, sí, es el amor al dinero… y es lo que pasa en México, lo que pasa en el mundo. ¿Cómo combatirla? ¿Cómo ganar esta guerra? Transformando conciencias, transformando corazones. A partir de la escuela, a partir de la familia, a partir de lo que nuestros niños y jóvenes ven el TV, en cine, en los diarios, en las revistas. Es tan curioso como los padres dejan contaminar las vidas de sus hijos a través de lo que pareciera “inocente” en todos los medios. Necesitamos concientizar a los adultos actuales que un cambio es necesario, en todos. Es tan compleja la solución, sí, necesaria también.

    Tíoooooooooooo Iesu…. ¿Dudar de las instancias oficiales? Si de algo carencen los gobiernos en nuestro país es de confianza, y nosotros, los ciudadanos, entramos en el juego de votar por ellos en periodos electorales, y quejarnos después por su mal desempeño sin buscar medios para exigirles resultados. Nuestra democracia está en desarrollo, y necesitamos darle credibilidad a través de limpiar el grupo de políticos que le controlan.

    Yo apoyo a mi gobierno porque ha sido establecido más que por los ciudanos, por Alguien mayor. Apoyo esta guerra porque debió haberse iniciado décadas atrás, porque un país distinto es posible. Apoyo esta guerra porque el anhelo desmesurado por el dinero no puede contagiar la vida de nuestros niños, de nuestros jóvenes, de nosotros mismos. Apoyo esta guerra porque hay muchos que necesitan ser libres.

    Un abrazo enorme a ambooooos.

    • Mónica Frau 28 agosto, 2011 a 1:39 am #

      Quizás despenalizar el consumo de drogas sea un primer paso para destronar a las bandas de narcos de sus imperios. No lo sé. No me imagino cómo se comportarían en medio de una sociedad donde la comercialización de las drogas sea legal. Tampoco me imagino cómo se afectaría a la misma sociedad al liberar el tráfico y el consumo. ¿Se generalizará el uso? ¿Se lo permitirá en cualquier parte? ¿Implicará esto que habrá más adictos? ¿Será prácticamente igual?… No lo sé, tampoco me parece que sirvan los ejemplos de otros países donde ya está despenalizado, porque cada sociedad es distinta y responderá -supongo- en forma diferente.
      Tengo grandes dudas al respecto.

      Saludos y buen fin de semana.

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  1. Bitacoras.com - 23 agosto, 2011

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La década cero de este siglo ha marcado la historia nacional como un período en el que se ha enfrentado una de las luchas más crueles en la historia de México. Una lucha sangrienta, de actos inhumanos contra la vida, de una a…..

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