¿Qué podemos aprender del 15 de mayo?

19 May

En los últimos años han surgido, a través de internet, varios movimientos defendiendo todo tipo de reivindicaciones. La mayoría de ellos se quedaban en nada – es famosa la protesta a la que acudieron más periodistas que manifestantes -. Solía preguntarme por qué las acciones digitales casi siempre se quedaban en nada, excepto varios ejemplos que todos podemos recordar tales como las manifestaciones contra el aborto celebradas hace un par de años.

En mi opinión hay varios motivos. El primero de ellos es la falta de una organización analógica, por decirlo así. A pesar de lo que se ha tratado de vender en los medios españoles, Facebook y Twitter no fueron los artífices del éxito de la reciente revolución egipcia. Fueron canales importantísimos de comunicación, pero comunicaban lo que ya se estaba fraguando en la realidad 1.0

La revolución egipcia no se hizo en un muro de Facebook ni tampoco en un chat. Esta rebelión se gestó en los pisos de estudiantes, en las Universidades, en los institutos, donde los jóvenes – y mayores – se reunían para intercambiar opiniones, ideas, principios y diseñar estrategias de acción. Esto es algo que ha fallado en la inmensa mayoría de las propuestas reivindicativas españolas.

Estos días, sin embargo, estamos asistiendo a un proceso completamente nuevo. Al primer caso de – casi – éxito de una protesta surgida en internet: el movimiento del 15 de mayo. Tengo que decir que fui – y soy – escéptico ante estas manifestaciones, pero las miro de forma diferente a como lo he hecho en otros casos.

Admito que en principio confundí el 15 de mayo con el movimiento #nolesvotes. No tiene nada que ver. He solido ser contrario a cualquier protesta que sitúe las series y películas gratis como problema fundamental de la situación política española. El 15 de mayo no habla de eso: habla de trabajo, derechos civiles y transparencia pública.

No obstante, quizá podamos hablar ya de un éxito que es, al mismo tiempo, un fracaso. ¿Por qué? A mi parecer, en primer lugar, por la ambigüedad de la propuesta. El 15 de mayo se ha basado en un manifiesto cargado de grandes principios pero ninguna reivindicación clara. Se habla de regeneración política y del fin de la corrupción; pero de una forma tan universal que absolutamente todo el mundo puede adscribirse. Y esto no es bueno por varios motivos.

Ayer asistí en las redes sociales a un debate en el que uno de los partidarios del 15 de mayo se quejaba a este respecto. El movimiento había recibido ya intentos de capitalización por miembros de partidos como Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia o Falange Española. Y esto es un hecho: ¿cómo podemos redefinir la democracia española si no tenemos ideas parecidas?

Un movimiento ambiguo puede dar lugar a situaciones surrealistas. Tal vez Zapatero ceda y decida hablar con los manifestantes, ¿entonces qué? Quizá unos aparezcan con reformas de izquierdas, otros con propuestas conservadores. Y más de uno exigirá – oh, paradoja – menos democracia y más poderes para la Iglesia y los empresarios. Este es el problema de no tener, por así decirlo, un frente de choque homogéneo; una punta de lanza que todos los ciudadanos puedan seguir sin desviarse, cada uno, con sus intereses particulares.

Otro gran defecto del 15 de mayo es la falta de una base offline. No basta con una página web y un manifiesto. Hace falta una organización real que pueda catalizar este movimiento; sí, estoy hablando de una asociación o un sindicato civil. No hay otro camino. De lo contrario, ¿cómo organizarse, cómo plantear acciones, estrategias, negociar si llegara el caso?

También esto es necesario, hay que decirlo, porque la mayoría de la gente realmente no está en las redes sociales. Ayer, hablando con mi hermano, le pregunté qué opinaba de Democracia Real Ya y me contestó: “¿qué es eso?” Y es que así son las cosas: realmente si no estás en Twitter, poco o nada sabes de lo que está pasando. Y hay que salir ya de esa burbuja que a veces es internet, darse cuenta de que la inmensa – aplastante – mayoría de los españoles o no está o utiliza tan sólo Tuenti para ver las fotos del botellón del sábado.

Otro factor que puede frenar estas propuestas es que quizá no sea el momento. Recordemos que el punto álgido de los recortes sociales se produjo en 2010. A la sociedad hay que pillarla en caliente para estos estallidos y son muchos los que ya se han habituado a la situación. Pero no olvidemos que, según todas las previsiones, una nueva tormenta se avecina para 2015 y será tal vez peor que la que ahora vivimos. Nos convendría estar preparados, esta vez sí, para reaccionar cuando llegue.

Ahora bien, ¿por qué podríamos hablar entonces de éxito? Porque, pese a todas las cosas que se han hecho mal, por primera vez en muchos años una gran cantidad de españoles está haciendo algo. Bien o mal, pero algo al final al cabo. Y, sobre todo, porque aunque fracase – que posiblemente fracasará – siempre tendrá una utilidad importante: servir de ejemplo para que funcione la próxima vez.

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4 comentarios to “¿Qué podemos aprender del 15 de mayo?”

  1. Mónica Frau 19 mayo, 2011 a 3:50 am #

    Comparto mucho de lo que se dice en el artículo. Desde lejos puedo reconocer gran parte de lo que aquí se vivió, sobre todo por el 2001, cuando se manifestó crudamente nuestra crisis (Argentina), muy similar a la que ustedes están padeciendo por estos días. Es cierto que dentro de estos movimientos hay gran disparidad de criterios, intereses y conceptos, pero lo que realmente vale -según mi punto de vista- es que puede ser el comienzo de una etapa de participación ciudadana mucho más activa y comprometida, que no traerá la solución a la crisis por sí, pero quizás pueda dar comienzo a una nueva manera de hacer política (que, por supuesto, no es una mala palabra!). También es muy cierto que no se puede entender que las redes sociales servirán de punto de encuentro y organización para nuevos movimientos sociales permanentes y organizados, pero no es menos cierto que utilizándolos correctamente se puede generar una comunicación e interacción masiva como nunca antes, y eso vale. Puede ser fundamental para lo que venga.

    Ojalá la protesta no quede en huecos postulados de queja sin propuestas. Esperemos que no muera bajo la apropiación oportunista que intenten hacer quienes no han hecho más que intentar sobrellevar la marea sin hundirse.

    Un abrazo.

  2. Jesús V. Ferrer 19 mayo, 2011 a 2:16 pm #

    Verás, Javier, yo al principio también pensé que el movimiento #nolesvotes era el alma mater de esta revuelta. Pronto vimos que no. Era, es algo más. El propio movimiento #nolesvotes se fue expandiendo ideológicamente a medida que pasó el tiempo; yo veía en él cosas que me gustaban y otras que no, lo mismo me producía aceptación que rechazo. No puedo aceptar ir contra todo sin aportar propuestas, pero tampoco puedo aprobar cuanto se está haciendo, aniquilar el Estado de bienestar, ver cómo se diluye el poder de los Gobiernos, cómo la voluntad popular se menosprecia hasta el sometimiento. El 15-M ahora es mucho más. Son muy diversas cosas juntas. La democracia real por la que se clama es entendible por muchos sectores sociales, de ideologías diferentes.

    Yo he tenido oportunidad de vivir explosiones populares históricas y conozco hasta qué punto personas de ideas políticas dispares e incluso antagónicas pueden estar de acuerdo en algo. A menudo pensaba en ello cuando estaba de lleno metido en aquellos tinglados -me cuestiono siempre todo- cada día me planteaba si podía estar unido a quienes eran tan diferentes a mí, y sí, lo estaba, un día y otro y otro y hasta hoy, porque nos unía, nos une, algo más, nos une un sentimiento, una razón, un proyecto, una iluisón, un futuro.

    Se debate ahora a quién beneficia todo esto. A nosotros mismos, si acaso. A la colectividad. Al principio, a la derecha. Más crisis, más lío, más PP. Hoy el movimiento es ya de izquierdas (pero de otra izquierda, una izquierda lejana) porque clama por un cambio justo. Creo que nadie va a poder beneficiarse realmente, ni siquiera los propios interesados, pues como bien dices, estamos ante un primer ensayo de lo que puede venir. Un adelanto del mundo que nos espera, un mundo aún más cruel, anónimo, individualista, sometido al poder económico de los cuatro indecentes que creen sostener el globo terráqueo; un mundo en el que cualquier manifestación diferente, por pequeña que sea, toda iniciativa personal que signifique compromiso social será noticia porque será algo rarísimo de encontrar.

    Me gustaría disponer de más tiempo para leer cada interesantísimo debate que encuentro en la red, en especial en Twitter y opinar con más conocimiento de causa; sólo conozco los que puedo, los que cazo al vuelo, pero participio con la ilusión del primer día. También pensaba si no estamos ante una simple quedada de tuiteros engreídos. Quiero creer que no sólo es eso; nadie sale a la calle porque sí, cuesta muchísimo que una sola persona haga algo, signigica que hay razones contundentes.

    Será interesante ser testigo del devenir de los hechos, siempre que seamos valientes, que sepamos ser protagonistas, implicarnos, participar, crear sistemas nuevos, no importa la ideología: que entre todas se generen sistemas nuevos. No es ésta la Europa por la que luchamos. Hace tres décadas las cosas eran aún peores y sin embargo latía con fuerza la pasión unánime por crear una Unión, desde las diferencias y pese a las difucultades.

    Retomemos, pues, la senda más abierta, la que nos lleve a un mejor mundo, más justo, más feliz.

    ¡Bienvenido, Javier!

    Un abrazo, Mónica.

  3. Lidia H. 20 mayo, 2011 a 6:43 pm #

    Las acciones digitales suelen quedarse en nada porque Internet es una magnífica plataforma para convocarlas, pero después hay que salir a la calle a defenderlas. Dar un click es fácil, pero dedicar tiempo y esfuerzo para lograr un objetivo ya no lo es tanto.

    Nunca me identifiqué con el movimiento #no les votes, al que seguí con algo de curiosidad pero con poco interés. No les veía como una alternativa para conseguir unos objetivos válidos y que mereciesen la pena. Frente a los problemas, la actitud nunca puede ser el abstencionismo ni la indiferencia, sino el compromiso real y activo.

    Quizá por ello sí me identifico con las reivindicaciones de “Democracia real ya”, que son justas y lógicas y hunden sus raíces en un profundo descontento general. ¿A quién puede extrañar que los ciudadanos castigados, recortados e indignados exijamos una democracia limpia y honesta, que sirva a los intereses de la mayoría y no a los del poder que nos está ahogando?

    Claro que el movimiento está desarticulado, como ocurre con todas las acciones espontáneas y con un gran componente emocional. Esto no es malo en sí mismo, todo lo contrario. Ahora hace falta raciocinio para evolucionar.

    Lo que vaya a ocurrir en un futuro no podemos saberlo ahora. El tiempo, el devenir de los acontecimientos y -muy importante- nuestra actitud y compromiso pondrán las cosas en su lugar. Tenemos una responsabilidad que no puede ser eludida, y no es el momento de ser cautos ni demasiado críticos. El momento de la reflexión pasó, llegó el momento de la acción.

    Aunque no llegásemos a nada en este primer intento, no deja de ser crucial lo que ha ocurrido. Se ha sembrado una semilla de ilusión y esperanza, se ha dado un primer paso para conseguir objetivos justos, se ha despertado de un letargo general que nos aniquilaba. Por primera vez desde hace mucho tiempo, los ciudadanos sentimos que nuestra voz y nuestros actos pueden tener una repercusión real en la vida pública y en nuestro presente y futuro.

    Muy buen artículo, Javier, te felicito. Bienvenido a esta Agenda.
    ¡Abrazos para todos!

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  1. Bitacoras.com - 19 mayo, 2011

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