Leonardo Boff | Teología de la Liberación

16 Sep

‘Somos la tierra que habla y siente’

Silvia Carafa / La Capital

De palabra serena y mirada encendida, Leonardo Boff cautiva al interlocutor con una bonanza que, como mal rayo, sólo amenazan sus referencias a las injusticias. Para ambos casos hay razones. “Fui y soy franciscano”, dice con respecto a su plácida presencia. También habla de un fuego interior como exigencia para los intelectuales, y entonces se entiende el inquietante mensaje de sus ojos. Teólogo, filósofo, profesor visitante en las universidades de Lisboa, Salamanca, Harvard, Basilea y Heidelberg y autor de más de sesenta obras traducidas a los principales idiomas del mundo, Boff visitó la ciudad para refrendar el Manifiesto Rosario por el Agua y recibir los títulos de doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario y Ciudadano Ilustre de Rosario.

Boff, uno de  los fundadores de la Teoría de la Liberación es también doctor Honoris Causa en Política por la Universidad de Turín y en Teología por la Universidad de Lund. Recibió premios en Brasil y en otros países por su lucha a favor de los marginados y de los derechos humanos. También recibió en Estocolmo el Right Livelihood Award, conocido como el Nobel Alternativo. Tiene 71 años y vive en Jardim Araras, región campestre ecológica de Petrópolis, Brasil, desde que en 1992 renunció a sus actividades sacerdotales después de una segunda sanción de la jerarquía eclesiástica; la primera, a instancias del entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

“Cambio de trinchera para continuar en la lucha”, dijo en ese momento para reafirmarse como teólogo de la liberación, escritor y conferencista. Además es asesor de movimientos sociales de cuño popular liberador, como el Movimiento de los Sin Tierra, las Comunidades Eclesiales de Base y organizaciones ecologistas.

—Habiendo pensado la vida desde tantos campos conceptuales, ¿cómo se presenta a sí mismo?

—Un poco en serio y un poco en broma digo que soy un subversivo cultural. Intento hablar de ecología, teología, ética, en un sentido de cambio; no repetir lo mismo, porque la situación de la naturaleza es tan grave que nos exige alternativas creativas, paradigmas nuevos. Subversivo entonces en el sentido bueno, de abrir caminos para que la vida encuentre su futuro y que la humanidad haga una paz perenne con la tierra con la que estamos en conflicto.

—¿Cuáles son los núcleos más duros que se deben subvertir?

—Un núcleo duro es tratar a la tierra y la naturaleza como un puro objeto. Una especie de baúl del que saco lo que necesito y por eso la maltrato, cuando sabemos, tanto por los pueblos originarios como por lo más avanzado de la ciencia, que la tierra es un súper organismo vivo que articula lo físico, lo químico y biológico. La visión entonces es la tierra como madre. Pero el núcleo más duro y difícil es que vivimos en el paradigma de la dominación. La dominación de personas, clases, países y naturaleza. Esa dominación ha destruido los equilibrios humanos y sociales, y contra ella hay que instaurar el paradigma del cuidado, una relación amorosa con la realidad, protectora. Hay que cuidar todo, la persona, la salud, los ecosistemas, el agua, el planeta entero.

—¿Cómo llega a esta concepción desde su histórica lucha por los llamados pecados sociales?

—En mi vida hay dos momentos que considero importantes. Primero, yo fui franciscano y lo soy; y San Francisco nos dejó esa herencia sagrada de considerar a todos los seres como hermanas y hermanos y tratarlos con mucho respeto. Y a partir de los años 80 me ocupé intensamente de las ciencias de la vida, de la tierra: física cuántica, astrofísica, cosmología, entre otras. Mi último libro, El Tao de la Liberación, que ganó un premio por su importancia en geociencia y cosmología, es un diálogo entre fe y ciencia. Esta visión nueva nos da cuenta de que todo es sistémico, en todos los puntos y movimientos. La tierra es un momento de un proceso inmenso de evolución, que se desarrolló hasta producir vida, que a su vez se desarrolló hasta producir vida consciente, humana. Todo es una unidad. Como decía el genial Atahualpa Yupanqui, nosotros somos la tierra que habla, la tierra que siente. Todas estas cosas me llevaron a mi visión, la más contemporánea, y a mi juicio la única que puede salvarnos de una gran catástrofe humanitaria y además ecológica.

—En su visión, además de reflexión y conciencia crítica, usted articula el placer, una celebración de la vida, incluso no deja de lado el humor.

—Sí. Creo que nosotros enviamos al exilio varias cosas, primero la tierra, después lo femenino que está en el hombre y la mujer, porque lo femenino tiene el cuidado, la sensibilidad. En tercer lugar enviamos al exilio a la espiritualidad, esto es no vivir sólo de valores materiales sino de acuerdo con la solidaridad, el amor, el cuidado. Esto no se rescata por la razón instrumental analítica, sino por la razón sensible, que es nuestra razón más profunda, porque somos mucho más pasión que razón. Ahí está el nicho de los valores, ahí nacen los valores, los sentimientos de pertenencia, de amor, de respeto. No hay que olvidar la razón analítica porque la necesitamos, pero completándola con la razón sensible que nos hace vibrar, amar, celebrar la tierra y la vida. Con los mamíferos, hace millones de años, emergió algo que no había en el universo: el cuidado, la protección de la crianza. El ser humano parte de eso. Lo más profundo de nosotros es el sentimiento, la emoción, la pasión y todo lo que cuenta en la vida son esas dimensiones.

—¿Entonces ese es el marco de su afirmación “la sociedad no vive sin utopías, sin un sueño de dignidad de respeto a todas las formas de vida y a la convivencia”?

—Una sociedad vive mientras tiene grandes ideales, sueños de utopías, si no se hunde en el pantano de los intereses y no tiene trascendencia. La utopía da fuerzas para buscar lo nuevo, lo alternativo, tienen la función de orientarnos, de dar sentido a la vida. Nos hace ver que no estamos condenados a vivir este tipo de vida, sino a completar la creación que Dios quiso imperfecta para que sea también nuestra. Y ahí además de la razón, para no engañarnos, necesitamos la pasión, grandes ideales, ideas fuerzas que hoy están en déficit porque el ideal es consumir y producir más y no tener más cercanía a los demás. Necesitamos sueños nuevos que puedan reencantar la vida.

—¿Es el fuego necesario para que “el intelectual no devenga en mediocre”, como ha dicho?

—Creo que el intelectual tiene una función evidente de cara a la verdad. Pero tiene que ser un agente público, que discuta los rumbos de la sociedad y las tendencias de la cultura, y que mantenga una distancia crítica frente a los poderes. El intelectual ayuda a apuntar caminos nuevos y piensa junto con toda la comunidad. Un intelectual es creativo, efectivo, cuando se inserta en la sociedad, especialmente con los que sufren, porque ellos tienen sueños, ellos quieren cambiar.

—¿La dignidad de quienes sufren es un signo visible?

—Uno ve la dignidad cuando la ve ofendida porque le produce indignación ética y siente que eso no puede ser. Hay que rescatar la dignidad, la vida, la persona. Reconocerla, abrazarla, amarla. El sistema del capital no ama a nadie, ama los músculos, la inteligencia, pero no a la persona, porque ve sólo al eventual consumidor. Pero la gran parte de la humanidad son los llamados ceros económicos, los que casi no producen nada, los que consumen muy poco porque son hambrientos y entonces no cuentan para el sistema. Para nosotros cuentan más que todos y hay que rescatarlos.

— ¿Cuál fue su intervención en el documento Carta de la Tierra?

—Soy uno de los redactores de un grupo que trabajó durante ocho años para dar otra configuración de la tierra y la Unesco la difundió en el año 2000. Ahora la estamos presentando en las Naciones Unidas para que sea agregada a la Carta de los Derechos Humanos. Está en discusión: hay muchos países que no la aceptan porque supone transformar todas las armas nucleares y militares en fondos de rescate.

Leer también:

Fidel, un socialista espiritual

El compromiso social como agente de cambio

Carta de la Tierra

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9 comentarios to “Leonardo Boff | Teología de la Liberación”

  1. Magda 16 septiembre, 2010 a 9:11 pm #

    Precioso Mónica

    • Neogeminis 16 septiembre, 2010 a 9:42 pm #

      Inspirados en estas ideas muchos de los jóvenes setentistas intentaron (algunos por la fuerza) construir un mundo mejor, concreto y posible. El ideario debía materializarse en acciones, de ahí el valor que, en definitiva, tendrían las ideas revolucionarias. La historia se encargó de ir pinchando aquellos sueños…habrá que re-inventarlos!
      Me alegro que te haya interesado, Magda.
      Besos.

  2. Jesús V. Ferrer 16 septiembre, 2010 a 11:57 pm #

    En los años ochenta escuchaba emocionado a los teólogos de la liberación y a cuantos desde posiciones ideológicas cercanas, desde la religión o sin ella, ofrecían al mundo alternativas positivas transcendentales y tangibles, se podían ver y tocar, eran reales.

    Qué ha sido de ellos y de su obra… olvidados cuando no asesinados.

    Me empeño en creer que es cierta la hipótesis marxista de la evolución de la Historia hacia el progreso y el socialismo, pero cada vez me cuesta más esfuerzo creérmelo, constatando cómo son casi siempre los poderosos y sus intereses mezquinos quienes ganan.

    Salvo excepciones.

    Luchemos por las excepciones. La Historia puede escribirse, yo lo sé, lo he vivido.

    Un abrazo para cada una.

  3. javier D 17 septiembre, 2010 a 12:13 pm #

    Hola a tod@s, por acá, pasando de vez en cuando, como siempre, para compartir alguna que otra reflexión o experiencia..

    Por mis circunstancias históricas y personales, viví con bastante intensidad aquellos años de finales de los setenta, y los ochenta, en los que la teología de la liberación tomaba cuerpo y relevancia, tanto en múltiples ámbitos de la vida (religiosa, social, política..), como en extendidos ámbitos geográficos (hasta llegar a poder afirmarse su evidente carácter internacional)..

    Resulta difícil, al menos para mí, resumir en pocas palabras, todo cuanto viví en aquellos años tan ricos en experiencias, no sólo individuales, sino tambien colectivas..

    Si acaso, y desde la perspectiva que puede proporcionarme los años, resaltaría un par de reflexiones:

    1ª La teología de la liberación, no surge de improviso y de la nada.. surge como parte asociada a otros muchos procesos, histórico/sociales, de cambio y revolucionarios, que se extienden a lo largo de todo el siglo pasado.. procesos a los que se integra, impulsándolos y enriqueciéndolos (y siendo enriquecida por ellos).. No es extraño, por tanto, que, por ejemplo, acá, en España, adquiera su mayor relevancia, asociada al importante proceso de lucha contra la larga dictadura franquista, y la recuperación de la democracia..

    2º Es cierto, como señala Iesu, que podría sentirse una cierta decepción, al comprobar cómo, al pasar los años, muchos de aquellos procesos (incluido el más específico relacionado con la teología de la liberación), parecierann haber naufragado en sus objetivos.. A este respecto, prefiero considerar que los procesos no tienen por qué ser, siempre, lineales.. esto es, que nacen y se desarrollan hasta conseguir sus objetivos o fracasar en ellos.. Sino que los procesos, tambien pueden ser circulares.. esto es, nacen, tienen un desarrollo, consiguen o no, algunos de sus objetivos.. y retornan (con mayor o menor lentitud) a sus inicios, para reintentar los objetivos no alcanzados.. o para plantearse renovados y actualizados retos..

    Un abrazo.

    • Neogeminis 17 septiembre, 2010 a 2:52 pm #

      Javier, antes que nada, muchas gracias por enriquecer la conversación. Siempre eres muy bienvenido.
      Seguidamente, suscribo aquello en relación a que los procesos no deben ser considerados lineales. Lo que no fue posible de concretar en determinado lugar y tiempo y histórico bien puede, más tarde, al variar ciertas circunstancias, llegar a alcanzar ciertas metas que quizás fueron antes tildadas de imposibles. En ese sentido, postulados como los que se describen en el artículo resultan hoy sumamente vigentes y deseables.
      En cuanto a la particular implicación de esos mismos postulados setentistas en latinoamérica, cabe destacar que, lamentablemente, la actividad terrorista y guerrillera malversó esas banderas convirtiéndolas en la excusa perfecta para que los sectores más conservadores y anti-democráticos asumieran el poder por la fuerza y hundieran a nuestras naciones en la más oscuras dictaduras. Ese lastre de haber sido detonante de aquellos violentos años es quizás uno de los mayores inconvenientes que, hoy por hoy, filosofías progresistas como la Teoría de la Liberación deben enfrentar ante el descreimiento de una sociedad que descree de las utopías y tiende a igualar, tras un manto de sospecha, a todo aquel que, de buena fe, piensa que construir un mundo más justo no sólo es posible, sino que resulta ser imprescindible.

      Un abrazo.

  4. Magda 17 septiembre, 2010 a 11:33 pm #

    Podemos ver y tocar. PODEMOS. Sólo hay que buscar un poco más. ¿O acaso es mentira esta agenda?

  5. alberto da silva 26 marzo, 2015 a 8:05 pm #

    de todo lo que se dice pero no se encuentra nada de los postulados de leonardo boff

    • alberto da silva 26 marzo, 2015 a 8:06 pm #

      quisiera saber un poco sobre sus postulados

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  1. Bitacoras.com - 16 septiembre, 2010

    Información Bitacoras.com…

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