Ilimitada fantasía

23 May

Libro cargando... Por favor, espera

Aquellos años, absurdas censuras…

Cuando hago memoria y recuerdo los años de la dictadura (Argentina, 1976-1983), me vienen a la mente anécdotas por demás absurdas que ponen en evidencia el criterio obtuso con el que se pretendía amordazar las distintas voces que hablaban de libertad, de justicia, de la posibilidad concreta de un mundo mejor.

Si uno lee estas líneas pensando que esa censura se aplicó exclusivamente a aquellos rebeldes politizados que agitaban a las masas hacia la revolución o a la implantación de métodos subversivos para llegar al poder, se equivoca. Hubo quienes muy lejos de esas posturas fueron igualmente considerados no aptos para las mentes sanas de la sociedad que se pretendía mantener inmutable a cualquier costo.

Un detalle quizás poco conocido es la prohibición que debieron enfrentar autores de libros infantiles. La torre de cubos de Laura Devetach, por ejemplo, fue prohibido por cuestiones englobadas en el insensato concepto de ilimitada fantasía.

A modo de homenaje reivindicativo, les dejo un enlace donde podrán leer el cuento íntegro, tal cual fue impreso. Asímismo, transcribo otro, de igual forma censurado por aquellas mentes enfermas, que veían en este tipo de literatura infantil, material inconveniente (aducía la dictadura textualmente:  se trata de cuentos destinados al público con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo).

Un Elefante Ocupa Mucho Espacio | Elsa Bornemann

Elsa Bornemann

Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar ‘en elefante’, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo… ah… eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:

Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

– ¿Te has vuelto loco, Víctor? -le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula.

– ¿Cómo te atrevés a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!

La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:

-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas…

– ¿De qué te quejas, Víctor? -interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?- Tú has nacido bajo la lona del circo… -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera… Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad…

– ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? -gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.

– ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos… que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero… que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente… que se los forzaba a imitar a los hombres… que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres… Y que patatán fue la orden de huelga general…)

– Bah… Pamplinas… -se burló el león-. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?

– Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.

Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡Hasta el león!

Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas… (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped…)

De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:

– Los animales están sueltos!- gritaron a coro, antes de correr en busca de sus látigos.

– ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas!- les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.

– ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!

– ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.

– ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.

La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

– ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!

– ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

– ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! – gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?

El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:

– … Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán… porque… o nos envían de regreso a nuestras selvas… o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.

Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.

Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: en uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor… porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio…

Anuncios

2 comentarios to “Ilimitada fantasía”

  1. Jesu 23 mayo, 2010 a 7:55 pm #

    Huummm… Mónica, estos animales son muy subversivos! Hablan de libertad y de huelga general! No me extraña que los prohibieran…

    Y seguro que Víctor era sindicalista.

    Jajajaja, de todas formas, tienes razón, los censores ven cosas raras en todas partes, salvo en su cabeza. La historia de la censura española en época de la dictadura está repleta de anécdotas similares; aunque hoy nos hagan sonreír, tengamos bien presente el horror al que amparaban.

    Un abrazo, compañera.

    😉

Trackbacks/Pingbacks

  1. Bitacoras.com - 23 mayo, 2010

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Libro cargando… Por favor, espera Aquellos años, absurdas censuras… Cuando hago memoria y recuerdo los años de la dictadura (Argentina, 1976–1983), me vienen a la mente anécdotas por demás absurdas que ponen en evidencia el…..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: