Pena de muerte

14 May

Si bien no es un tema que esté instalado actualmente (por lo menos por estas latitudes) en la opinión publica, creo que es algo que sí lo está en muchos de los rincones de nuestro sufrido planeta, y por lo tanto deberíamos asumir su abolición total como un objetivo global hacia el que debemos avanzar.

Les dejo un texto, escrito hace ya bastante tiempo, por una muy sensible y comprometida escritora argentina. Creo que es casi un himno contra la instauración de la pena de muerte, hecho éste al que la humanidad ha recurrido (y suele hacerlo aún) como medida extrema para castigar a todo el que piense o actúe diferente.

La Pena de Muerte, por María Elena Walsh
(Aparecido originalmente en el diario Clarín, 12 de setiembre de 1991) 

Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos. 

Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado. 

Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco. 

Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.

Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia. 

Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.

Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre. 

Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios. 

Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales. 

Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.

Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno. 

Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos. 

Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común. 

A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

 

Ciudadana Mónica

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2 comentarios to “Pena de muerte”

  1. Jesu 15 mayo, 2009 a 10:25 pm #

    Pena de muerte NO, NUNCA. Y con el nunca hay que ser tajante. Algunas ideologías y religiones difunden mensajes ambiguos. La Iglesia Católica dice que protege el derecho a la vida de los inocentes.

    ¿Y los no inocentes?

  2. Neogeminis 16 mayo, 2009 a 4:32 am #

    Y cuántos inocentes han sido muertos en nombre de la “justicia” y después se comprueba que en realidad no eran culpables!
    NO A LA PENA DE MUERTE!

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