Una de instituciones

10 Ene

Últimamente, me ha estado asaltando una duda de manera despiadada y recurrente. La verdad, no sé si es una cuestión interesante, pero no puedo dejar de pensar en ello. Para entendernos:

¿Las instituciones públicas deben comportarse como servicios o como empresas?

Es decir… El usuario (ciudadanos de a pie, como nosotros) que acude a una institución, ¿quiere ser tratado como un cliente que ha pagado por un bien (sea material o un servicio por parte de profesionales, consista en lo que consista), o como una persona de infantería, un ciudadano, que tiene derecho a acceder a ese bien?

Lo pregunto porque, ya que tengo un contacto relativamente constante con el lado institucional de la Medicina Pública, cada vez me da más la impresión de que los pacientes quieren un trato por derecho, y los gerentes y políticos un trato por previo pago (léase, impuestos en la sanidad pública, seguros de salud en la sanidad privada… y misterios en las relaciones entre ambas). Al fin y al cabo, que estos últimos empiecen a exigir niveles de “calidad” en la relación médico-paciente no deja de ser una forma de valorar un producto que, ¡ojo!, no reside en la curación del paciente, sino en la satisfacción personal del paciente en relación con el gasto económico que se ha realizado para satisfacerle. Ya sé que estamos en crisis, pero… ¿no es pasarse esto un poquito?

Por cierto, me he dado cuenta mientras escribía, pero… ¿estoy viendo un patrón común con Bolonia, o es mi afán paranoico de ver conspiraciones privatizadoras donde no hay?

Jesu, tú que eres funcionario de otra rama del Estado, ¿a tí que te parece? Ciudadanos todos, sé que a mí se me ve el plumero, pero ¿a vosotros qué os parece?

Ciudadano Alanthos

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7 comentarios to “Una de instituciones”

  1. neogeminis 10 enero, 2009 a 1:55 pm #

    Acababa de hacer un largo comentario y se me desconectó internet! grrrrrrrr
    a ver si lo recompongo!

    Si bien la pregunta va dirigida a Jesu, me permito dar mi opinión.
    Creo que las instituciones públicas brindan servicios, no productos, y quienes reciben esos servicios son ciudadanos, no clientes. Los estados que no rehúyen su función social deben cubrir los derechos básicos de salud, seguridad, educación, etc, en forma igualitaria y adecuada, haciendo que las contribuciones debido a impuestos vuelvan al ciudadano, que los aporta.
    Tengo la suerte de vivir en una ciudad donde la calidad de su salud pública municipal se destaca del resto de las del país. Desde hace casi veinte años el alto nivel en la prestación sanitaria (hasta en subniveles más complejos) hace que ésta atraiga a personas de hasta fuera de la provincia que llegan para atenderse aquí.
    Los momentos de crisis son la oportunidad que los “tiburones” neoliberales nos venden sus cantos de sirenas contra la falta de eficiencia estatal para atender las distintas prestaciones, aprovechando esas situaciones para concretar sus negociados. No nos dejemos engañar.
    El acceso a la salud y a los servicios básicos son derechos del ciudadano y como tal deben de ser cumplidos por un Estado comprometido, que no se contenta con el simple papel de administrador.

    Un abrazo para todos!

  2. Saiph 10 enero, 2009 a 8:22 pm #

    Mi buen Javier. En realidad la comunicación y la forma de entenderlo van unidos. Aunque muchos entiendan lo que en realidad quieren entender y otros digan lo que de veras quieren decir. No sé si me explico.

  3. Alanthos 10 enero, 2009 a 10:31 pm #

    No.

  4. Penélope 11 enero, 2009 a 4:58 pm #

    Somos personas.
    Nos tenemos que tratar como personas que somos.
    Cliente, servidor, sólo son nombres que diferencian a la gente según su función, pero ante todo, somos personas.
    Querer verlo de otra manera me parece fuera de toda humanidad.

    Simple mind, qué le voy a hacer!

    Un besito Javier y compañía!

    P

  5. alanthos 15 enero, 2009 a 12:54 pm #

    Bueno, Penélope… estamos de acuerdo en lo de la conducta de instituciones y ciudadanos, pero… ¿por qué “simple mind”?

    Es una opinión sencilla, pero brillante. En mi opinión. 😛

    Nos vemos.

  6. Jesu 18 enero, 2009 a 8:34 pm #

    Ehhhhhhhhhh, tenía pendiente contestar a ésto!

    Pues verás, doctor, yo soy funcionario de la Generalitat Valenciana, mi centro de trabajo inteligente donde salvo gaviotas es el pionero de los llamados puntos PROP (significa Cerca), donde se reúnen servicios administrativos de competencia autonómica anteriormente dispersos. Allí los ciudadanos son clientes, se les llama así (yo prefiero llamarles ciudadanos), y hacemos turnos por las tardes porque hay horario ininterrumpido de atención al público hasta las siete de la tarde.

    Existe una clara filosofía consistente en modernizar los servicios públicos al estilo de la empresa privada y estimular su actuación de manera eficaz.

    La legislación sobre administración pública, tanto la estatal como las autonómicas, hablan cada vez más de empleado público o servidor público, a mí me gustan esas expresiones. Pero como dice Penélope, el nombre es lo de menos, hay que ofrecer un buen servicio, un servicio que ante todo debe ser público para todas aquellas cuestiones esenciales que la Constitución y los Estatutos de Autonomía establecen, acoplándose al marco global de las normativas de la Unión Europea que cada vez son mayores, en número, competencia y exigencia.

    Todo ese esfuerzo, que me parece estupendo, choca con un problema, el de la posible privatización de determinados servicios o la contratación de empresas colaboradoras intermediarias. Ello está generando verdaderos conflictos internos que el ciudadano no aprecia (ni ganas). Y para colmo, se lía aún más puesto que la jurisprudencia en importantes sentencias judiciales, ha ido fallando en los últmos años y décadas a favor del mantenimiento del estatus de funcionario para las actividades más puramente descritas como de administración pública (cuando parecía, hace años, que se caminaba hacia una laboralización del mundo funcionarial, ahora ya se camina al retorno de la funcionarización, casi por mandato judicial). Pero ese celo en la defensa de lo público no puede llevar tampoco al inmovilismo o la defensa de situaciones de privilegio.

    Por tanto y resumiendo: Todos los esfuerzos por modernizar las administraciones públicas deben ser bienvenidos; sin embargo -como bien apuntas- corren el riesgo de decantarse hacia posiciones privatizadoras o incluso restrictivas en el ejercicio y desempeñoo de funciones adscritas a derechos fundmentales en los que debe primar ante todo su carácter público.

    Como contrapunto reaccionario surgen movmientos puristas como los descritos, que abogan por el estilo funcionarial más clásico.

    Coordinar todos estos intereses de forma armoniosa, dinámica y acorde con la normativa legal es la tarea principal de las administraciones públicas hoy en día. Con el norte bien claro, que en mi opinión es la irrenunciabilidad del carácter público y universal de los servicios esenciales y menos esenciales amparados por el marco jurídico.

    (Jo, lo siento, qué rollo!)

    (me encanta ésto)

    (pregúntame más)

    😐

  7. Alanthos 19 enero, 2009 a 1:46 am #

    ^^ Me lo has dejado bastante claro. Gracias, Jesu.

    Ahora, que conste que no me ha parecido un rollo. Se te metido en el tema, o, al menos, informado. Interesado.

    Es un asunto interesante, al fin y al cabo.

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