Cuaderno de Filosofía (7) | Valores en danza

4 Dic

Adela Cortina, catedrática de filosofía:

“Vivimos una crisis de liderazgo político, económico e intelectual”

La catedrática de Filosofía lamenta la ignorancia con que los alumnos llegan a la universidad y la desmotivación del profesorado

Adela Cortina se iniciaba en sus labores docentes cuando yo estudié filosofía. Fue profesora, después, de mi hermana Meme -indaga sobre su obra y guarda cada recorte suyo de prensa como un tesoro, habla maravilllas de su profesora de Ética, con independiencia de la coincidencia o no de sus opiniones teóricas- y ahora lo es de mi sobrino Javier.

¿Creéis que de verdad asistimos a una etapa de desorientacón de valores y liderazgo o esta tesis responde a determinadas ideologías?

Ciudadano Iesu

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7 comentarios to “Cuaderno de Filosofía (7) | Valores en danza”

  1. Javier 4 diciembre, 2008 a 3:06 pm #

    Ambas cosas, en mi opinión.

    Desorientación de valores y liderazgo hay, innegablemente; en mi opinión, el vacío de liderazgo proviene de los políticos, que no dejan de alinearse de forma flagrantemente biparditista con el apoyo silente de toda la sociedad; simultáneamente, los valores vienen dados por una sociedad que los están perdiendo, para sustituirlos por campañas de Navidad más tempranas cada año, y no sé si me explico.

    Mi pregunta es: ¿qué quiere decirse con valores? ¿Valores como paternalismo, bandera y fueros? ¿O como Dios, patria y rey? ¿Tal vez vida, tradición y liberalismo? Si quiere decirse eso, quiero responder con la pregunta del millón: ¿de verdad los necesitamos?

    Si, por otro lado, con valores queremos decir “respeto”, “comprensión”, “colaboración y convivencia”, “empatía”, “compasión”… sí, bueno, entonces no habría grandes males en recuperarlos, porque se están perdiendo para conseguir el beneficio inmediato. Me gustaría decir que es un problema nuevo, pero este conflicto (beneficio inmediato contra valores y beneficio racionalizado) es viejo como la civilización misma.

    Sin embargo, como ya he dicho, nos entusiasmamos con el enfrentamiento, con el conflicto entre idelistas e ideólogos de ambos bandos, que tratan desesperadamente de descuartizar y/o desacreditar al contrario mientras los pocos cuerdos que queden intentan llegar a un consenso.

    La educación es, posiblemente, uno de los ejemplos de la tontería que domina nuestra sociedad. Se educa a los hijos poniéndolos delante de la tele y en mitad del torbellino de las instituciones de educación, sin tiempo para pararse y reflexionar (salvo honrosísimas excepciones), de manera que, al final, las criaturitas del mañana aprenden a vivir sin pensar, sintiendo, buscando la gratificación y, así, consumiendo. Es una vida que, ¡a veces!, se revela feliz, si bien vacía. Pero sigue siendo feliz.

    Lo triste de todo esto es que esta felicidad edulcorada aplasta las ganas de muchos de aprender, sustituyendo ideales y valores por un vago “¿cuánto cuesta?/¿tengo ganas?”

    Pero, de golpe, te llega un jarrazo de agua fría llamado Bolonia y te pones hecho una fiera corrupia, puesto que te percatas, ¡ah, terror!, de que resulta que ahora el idealismo no se recompensa tanto como el poder pagar una carrera. Es el siguiente paso.

    Dentro de poco, tendremos que dejar de permitirnos emociones para alcanzar nuestra cuota de productividad.

    Me temo que no estoy de acuerdo con la catedrática Cortina. Tal vez esté radicalmente equivocado, pero, desde mi punto de vista, la frase siguiente chirría mucho, mucho, mucho: “En cuanto a las discrepancias, no acabo de ver por qué se insiste tanto en que la reforma es un cambio exclusivamente para el mercado cuando los jóvenes lo que buscan, al terminar sus estudios, es trabajo.” Sí, es cierto, buscan trabajo, no que dificulten aún más el aprendizaje. Al abrir “al mercado”, como dice la señora Cortina, nuestra “oferta” como estudiantes y aprendices, tenemos que acumular méritos antes de poder continuar “subiendo”; muchas carreras tienen poco que ver con el trabajo que vamos a terminar haciendo, y escogemos las que más nos gustan por ello (para que estudiarlas no se nos haga tan cuesta arriba), pero si se nos exige estudiar másteres y demás cursillos para poder obtener una “puntuación” lo bastante alta según los baremos de quienes contraten, ¡quienes tengan que cursarlos se encontrarán, a los treinta años o así, sin trabajo y con deudas de múltiples cursos!

    Lo mire por donde lo mire, esto no facilita nada, y espero, insisto, estar radicalmente equivocado, porque en estos momentos no puedo fiarme de un gobierno, de una Europa, que piensa dejar en manos de los bancos prestamistas el futuro de su siguiente generación de universitarios (haciendo que muchas personas inteligentes se queden donde están porque no tienen solvencia que les avale ante, por ejemplo, un banco).

    Paradójicamente, la señora Cortina habla de confianza para referirse al sistema económico. Preferiría que lo demolieran de una vez, a ese “sistema económico”. ¿Quién es el sistema económico? ¿Dónde está? No hay nada concreto al respecto, es una maldita abstracción, un mecanismo hecho de conceptos y electrones, y a todos los que el lenguaje de los economistas nos suena a chino nos parece un reino inaccesible. ¿Cómo confiar en algo así una vez que falla?

    Por último, algo fuera de contexto, dice: “… se están entendiendo mal los valores. Las altas finanzas han entendido muy mal la economía, en busca del mayor beneficio han olvidado los valores, han sido imprudentes e irresponsables. En otros colectivos, la libertad y la igualdad se está entendiendo muy mal y lo traducenen una falta de respeto. Tampoco se entiende lo que es la autoridad, que nada tiene que ver con el autoritarismo. La solidaridad, por ejemplo, más que un valor son arranques ante situaciones catastróficas.” No quiero ni preguntar a qué se refiere con esto, pero vale. Libertades, es verdad, no podemos tomarlas todas; pero no me toque la igualdad, por favor, señora Cortina, no me toque la igualdad… y quien habla de autoridad debe moderarse un poco cuando puede decir, en la misma parrafada, que “libertad e igualdad se están entendiendo muy mal y lo traducen en una falta de respeto”; ¿no os suena peligroso?

    Lo siento, Jesu, pero no puedo estar de acuerdo con tu ex-profesora. No puedo.

    Nos vemos.

  2. Penélope 4 diciembre, 2008 a 3:59 pm #

    Me has hecho recordar a mi profesor de ética,
    del que siempre guardaré un buen
    recuerdo. Cuando los profesores son
    buenos, ellos se encargan de abrir ojos,
    de mostrarte almas, de enseñarte los
    caminos de la vida. Eso, creo, falta en la
    educación en general.
    Los valores parece que están en peligro de
    extinción! Me refiero al respeto, a la solidaridad,
    y a esas cosas que hacen de la convivencia
    un remanso de paz. Parece que los valores
    están ahora sólo dirigidos a las cosas
    materiales o que se pueden materializar de
    alguna manera.
    Me entristece.

    Un besito

    P

  3. Jesu 6 diciembre, 2008 a 1:42 pm #

    Tranquilo, Javier, yo tampoco estoy muy de acuerdo con mi Catedrática de Ética.

    La entrevista que enlazo no es nada del otro mundo y las respuestas son demasiado simples, más bien quería destacar la idea de si estar en crisis de valores es una afirmación realizada desde unos determinados valores.

    Creo que coincidimos en que hay un poco de ambas cosas (respecto a mi pregunta en el post). Parece claro que vivimos una época de cambios a nivel internacional, más estrictamente, una época de desortientación previa a los cambios que -al final- serán pocos y todo quedará parecido. Y en esas circunstancias sí entran en juego los valores que se consideran vigentes hasta ese momento.

    Pero por otro lado, ésa es siempre la idea de la derecha… hay crisis de valores siempre que no gobiernan ellos con los suyos propios. No entienden que hay otros valores y que el mundo avanza, debe avanzar o -al menos- navegar en la diversidad.

    Con relación a los planes de reforma universitaria también tengo mis dudas, mis argumentos a favor y en contra, no es tan dramático ni tan utópico. Creo que podríamos tratar ese tema con más detenimiento desde esta Agenda.

    Saludos una vez más.

  4. neogeminis 6 diciembre, 2008 a 10:41 pm #

    No sé cómo será allí, pero nosotros, en este rincón del palneta, durante la década del 90, sobre todo, hemos sufrido un marcado proceso de frivolización de la sociedad y la educación formal no hace sino demostrarlo. Recuerdo el bajo niver que tenían los alumnos que salían de la secundaria, y más se notaba cuando pretendían ingresar a la universidad. Se había pretendido “reinventar” el sistema educativo redactando a tontas y a locas un “plan federal de educación” que lejos estaba de lo que se decía, se había pretendido hacer: preparar a la nueva generación para los tiempos y requerimientos que se avecinaban. Nada que ver! No sólo se demostró que los contenidos eran inapropiados e insuficientes, sino que se obtuvo una generación de jóvenes superficiales, consumistas, ajenos a la sociedad donde pertenecían, sin conciencia social ni compromiso colectivo. Solamente portaban la idea del exitismo fácil y la superficialidad de las formas, y eso se manifestaba en todos lso aspectos.
    Ahora, después de haberse comprobado ese fracaso, se viene intentando (por lo menos en mi provincia) recomponer los planes de educación dirigiendo la misma hacia valores más solidarios, menos difusos y más comprometidos con la realidad laboral y social de nuestro pais. No sé qué pasará con estos chicos. En lo que me compete como madre, intento transmitirle a mis hijas aquello que abundaba en los años de mayor compromiso social, cuando no se incentivaba el individualismo sino la solidaridad y la participación.
    Las sociedades no surgen de la nada, son el producto del “lavado de cabeza” que se le hace oportunamente a los más jóvenes.

  5. neogeminis 6 diciembre, 2008 a 10:42 pm #

    piso excusa por los errores (muchos) de tipeado! jajaja

  6. Jesu 7 diciembre, 2008 a 12:12 am #

    Mónica, has descrito muy bien el proceso de frivolización (yo también lo llamé así) vivido en la década de los 90 y cuyas consecuencias sufrimos después y ahora.

    Precisamente ese tema me interesaba bastante en su día, muchas veces estuve hablando o escribiendo sobre él. Y me interesó también averiguar las opiniones de gentes de otros lugares, me sorprendió reconocer entre mis amigos mexicanos la mismas vivencias durante aquellos años.

    En ese sentido, sí estaríamos viviendo una crisis de valores nacida bastantes años atrás.

    Los intentos de reinterpretación de valores progresistas y solidarios que se llevan a cabo hoy son difusos, débiles y a menudo envueltos en pugnas ideológicas y políticas que impiden su frescura.

    Los próximos años, la nueva década, debería ser crucial en este y otros aspectos. La historia dirá.

  7. Miguel 18 diciembre, 2008 a 10:15 am #

    Conocí a Adela Cortina en México. Dos distintas conferencias. Ahora, aquí en Valencia he podido tener una breve entrevista con ella. Me sorprendió su amabilidad y su disposición. Eso es signo del pensar sensible por lo que le rodea, y eso es una cualidad que escasea en el alto mundo académico. Por otro lado, la posibilidad de reflexionar sobre las acciones humanas desde la dimensión ética siempre es problemática, así que desde luego que el caso de Cortina no es la excepción. Pero apesar de ello, pienos en Adela como un punto nodal en el desarrollo del pesamiento ético de España.

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