Héroes sin capa

28 Nov

Cuando pensamos en héroes, quizás por influencia de las historietas y el cine, nos imaginamos a seres excepcionales (puede que hasta con algún poder especial, si abarcamos con ese término a aquellos superhéroes de fantasía) que se destacan entre el resto de los mortales por su actitud esforzada y valiente, casi sin debilidades, capaces de arriesgar su vida para salvar la de otros.

No muy a menudo se piensa en los héroes como seres normales, con virtudes pero también con defectos, con flaquezas, miedos y complejos, hasta con rencores y miserias.

Quizás lo más meritorio en cuestiones de heroísmos sea precisamente la capacidad de vencer los miedos naturales y no la carencia de los mismos; mantenerse en la lucha, a pesar del cansancio.

No sería de demasiada valía el arrojo de alguien que se supiera indestructible, al contrario, es de mucho mayor mérito el saberse vulnerable igual que cualquier hijo de vecino y a pesar del lógico instinto de supervivencia, decidirse a arriesgarlo todo por una causa justa, un ideal o por evitar el dolor de un semejante. Mucho más valioso si el amenazado es alguien totalmente ajeno a nosotros y si el riesgo no lleva implícito recompensa alguna.

Pensar que cada uno de nosotros, seres rayanos con la masiva normalidad, puede llegar a constituirse por alguna extraña razón en un héroe o algo parecido es algo que no se piensa frecuentemente.

Pero si lo analizamos desde el punto de vista del transcurrir de la historia de nuestras sociedades, se puede llegar a la idea de que gracias al esfuerzo y la lucha cotidiana de miles de seres anónimos (que jamás tendrán expectativa de sobresalir por sus virtudes de entre sus pares también anónimos) la humanidad sigue, a pesar de todo, andando y evolucionando; se puede entonces, aceptar el hecho de que se trata de verdaderos héroes, porque su entrega no tiene mayor recompensa, porque continúan esforzándose a pesar de las injusticias, aún en contra de lo que se podría suponer debido a la explotación a que desde siempre han sido sometidos por aquellas minorías que sobreviven gracias a que ellos siguen, con su esfuerzo, manteniendo en funcionamiento los engranajes de nuestro mundo. No dejan que la cruda realidad mate sus esperanzas.

Porque se es héroe cuando se continúa educando a pesar de que no se construyen escuelas, se es héroe si se sigue yendo a la fábrica aún a sabiendas del magro salario, se es héroe si se sigue luchando contra el desalojo aún cuando no exista esperanza de tener un techo propio, se es un verdadero héroe si no se deja la responsabilidad de la tarea asignada aunque su existencia sea menospreciada, se es héroe si se decide seguir teniendo esperanzas en un mundo donde el engaño es la moneda corriente, donde el que roba vive mejor que el que nunca lo ha hecho, se es, en definitiva un verdadero héroe si se sigue apostando por la vida aunque casi nunca sonría la suerte.

Se trata sin duda de héroes, de los héroes de la clase trabajadora (como tan poéticamente los calificara aquel ángel de la revolución pacífica, el asesinado John Lennon). Sin ellos, la sociedad sucumbiría. Sin su lucha cotidiana nada sería posible.

Siguen tirando del carro soportando el mayor de los esfuerzos para que todos salgamos adelante.

Incomprendidos, postergados, mal pagados, decepcionados, engañados, explotados, angustiados, desesperanzados, y a caso por convicción o por despecho, la gran masa trabajadora sigue adelante. Año tras año con su heroísmo anónimo y cotidiano.

Mi padre es uno de ellos, un vivo ejemplo. Con sus afortunadamente intactos casi 87 años, sigue levantándose todas las mañanas para ir a trabajar, a pesar de que ya está jubilado, pero por la injusticia de su remuneración continúa haciéndolo, luego de haberse esforzado toda la vida cumpliendo con su responsabilidad y de sentirse estafado por quienes siguen haciéndolo.

Mi madre es una de ellas, con sus esforzados 76 sigue luchando codo a codo con mi padre a pesar de que nunca recibió paga por su trabajo, por el hecho de considerarse que ser ama de casa no es tarea digna de recibir salario. Madruga cada día a pesar del cansancio, a pesar de que tendría el derecho de disfrutar más su vida, no afloja, no se rinde, no nos abandona.

A ellos y a todos los héroes sin capa vaya este homenaje, este reconocimiento…

    

JOHN LENNON | Working Class Hero

Tan pronto como naces te hacen sentirte pequeño,
no dejándote tiempo en vez de dártelo.
Hasta que el dolor es tan grande que ya no sientes nada.
Un héroe de clase obrera es lo que hay que ser.
Te hacen daño en casa y te pegan en la escuela,
te odian si eres listo y te desprecian si eres imbécil,
Hasta que estás tan jodido de la cabeza que no sabes seguir las reglas.
Un héroe de clase obrera es lo que hay que ser

Te torturaron y asustaron durante tus primeros veinte años.
Esperan de ti que escojas hacer una carrera universitaria.
Sin embargo no puedes funcionar bien, ya que estás tan lleno de miedo.
Te drogaban con religión, sexo y televisión,
y tú pensabas que eras tan listo, sin clase y libre.
Pero seguís siendo jodidos plebeyos por lo que veo.

Aún hay sitio en la cima según te dicen,
pero primero debes aprender cómo sonreír cuando mates a alguien,
si deseas ser como toda la gente importante.

Un héroe de clase obrera es lo que hay que ser.

Si quieres ser un héroe, sígueme.

Ciudadana Mónica

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6 comentarios to “Héroes sin capa”

  1. Jesu 28 noviembre, 2008 a 9:24 pm #

    Como te decía, conozco gente que a mediana edad cuenta los años que le quedan para jubilarse, qué triste. Mi padre, con ochenta y cinco tacos está en pie a las cinco de la mañana dándonos ejemplo a todos, con la ilusión del primer día.

    Leyéndote, Mónica, veo qué ciegos somos. A nuestro alrededor tenemos lo realmente importante.

  2. neogeminis 28 noviembre, 2008 a 11:56 pm #

    Jesú:
    Qué bueno que te haya gustado el tema y la entrada!…me parece estupendo la posibilidad de escuchar el tema mientras se lle la entrada!…en esta plataforma todavía estoy en pañales en cuanto a los recursos, jejeje…qué suerte tener quien me “cubra las espaldas” en ese sentido!.
    Te agradezco tus palabras…la cuestión de los anónimos que siguen apostando a la vida a pesar de todo, es un tema que particularmente me sensibiliza mucho.
    Gracias otra vez!

  3. neogeminis 28 noviembre, 2008 a 11:57 pm #

    ups, me repetí en varias palabras, jejeje..es porque estoy escribiendo a los apurones! jejejee

  4. Javier 29 noviembre, 2008 a 8:06 pm #

    Es curioso… hace algún tiempo, escribí un artículo de este mismo tema. Les llamaba “los verdaderos héroes”. Muchas veces no se habla de heroicidad fuera de ambientes violentos, sinsentidos absurdos y radicalmente humanos (porque su humanidad residiría, indudablemente, en tantas características negativas e inherentes al ser humano)… pero, en el proceso, nos olvidamos de personajes indudablemente notables, e incluso indispensables (más que Juana de Arco o Ricardo Corazón de León, madames y mesieurs), que no tienen un servicio publicitario tan definitivamente eficaz detrás.

    La gente se olvida, casi diariamente, de lo extremadamente crucial que son ciertas personas en nuestra vida. Para algunos, son los padres, los tutores, los hermanos, los amigos; para unos pocos, los héroes reconocidos por sociedades y culturas son ídolos fantasmagóricos y enfermizos. Hoy en día, el “héroe” no existe como tal; sólo el “ídolo”. No sé cuál de esos modelos me parece más positivo para la gente, si el del santo, el caballero, el general… o el de el cantante, el del político, el del presentador de televisión. Esos no son, realmente, los auténticos héroes.

    Distinguiremos al héroe por su conducta en circunstancias excepcionales, pero también le podremos identificar tras una observación prolongada y completa en su vida cotidiana. Un acto puntual de heroicidad no hace al héroe, sólo puede llegar a labrarle una reputación heroica.

    ¿Qué mejor concepto cabe pues, en esa definición, que el de una madre soltera que saca adelante a su hijo, un anciano erudito que se niega a abandonar su casa, un periodista que saca a la luz la verdad, siempre la verdad, un policía que nunca acepta sobornos, un progenitor que trabaja diez horas al día y desea jugar con sus hijos al llegar a casa, una chica que desea estudiar en la Facultad y sale adelante ganando becas…? ¿No es la heroicidad cotidiana, ese acto de ejercicio ininterrumpido de honradez, paciencia abnegada y sutil apoyo a terceros, entre otras muchas cosas, lo que convierte a muchos en héroes?

    Pensemos; todos tenemos los nuestros, y tal vez estemos encumbrando a quienes no lo son en absoluto.

    (Me alegra ver, en todo caso, que vosotras sí tenéis bien claro quiénes son merecedores de una calle o una plaza de vuestra ciudad… ¿tal vez un parque y una estatua? ^^)

  5. Penélope 30 noviembre, 2008 a 5:22 pm #

    Creo que los verdaderos heroes no llevan capa, ni título que
    los distinga.
    No están en el olimpo ni siquiera como semidioses.
    Los heroes son aquellos que salvan las vidas de los que
    les rodean, cada día!
    Y sus armas, el corazón, el abrazo, la palabra, etc…
    Ya el abrirse paso en la vida cruel sin ser tan cobarde
    como para autoeliminarse a si mismo, es un acto
    heroico.

    Un besito

    P

  6. Valeria 16 diciembre, 2008 a 8:09 pm #

    Neo, ¿sabés que me había olvidado de este blog? jajaja, a vos también es difícil seguirte por este mundo virtual!!!, pero soy perseverante, y mirá, siempre te encuentro o re-encuentro. Esta vez no te me escapás porque enlacé el blog al mío. Besos y mis felicitaciones por este proyecto conjunto que llevan adelante con los demás autores.
    Valeria

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