Pánico

10 Nov

Advertencia. El presente post puede herir tu sensibilidad. No es recomendable para entendidos, gente normal o políticamente correcta.

Yo no creo en la crisis. No es que no crea en ella. Es que creo que no existe. Que quede claro porque si no te enredan como lo de creer en dios. Los creyentes piensan que dios existe y que hay quien cree y quien no cree en él (los malos). No se percatan de que quien no cree no es que no quiera creer sino que cree que no existe. A todo ésto, yo no soy creyente pero es casi como si lo fuera, ya que por efecto del sentido religioso de la vida que nos acompaña a quienes hemos sido educados desde esa cultura, según mi siempre admirado Salvador Pániker, me envolverá forever el sentimiento extraño de querer algo que tu mente te niega.

Pues bien, no creo en la crisis. Me avergüenza oir hablar de crisis. Nunca entendí el pánico que dicen que algunos tienen -y del cual nos hablan diariamente los medios de comunicación, aterrados- cuando caen las bolsas de valores. Pánico, qué pánico! Cuando baja la bolsa los ricos recogen beneficios millonarios. Y cuando sube preparan su inversión para obtener más beneficios millonarios a la próxima aventura. Y mientras tanto tienen excusa para atormentar al resto de los mortales hablando de crisis y joderlos durante una década o un par de ellas, pisoteándoles en el cuello de su miseria e impidiendo todo progreso de la raza humana.

No me creo la teoría de las hipotecas subprime, hipotecas basura, difundida en Internet y a la que sólo falta otorgarle el premio Nobel a su creador por lograr convencer al mundo de una chorrada que se le ocurrió a alguien en fase de aburrimiento agudo.

No me creo que ningún banco esté pasando apuros. Ninguno. Están divertidísimos viendo el panorama que se les avecina. Los de los apuros somos el resto de la humanidad. Y aún en el caso remoto de que estuvieran en apuros me parecería genial que ellos estuvieran en apuros con el fin de que el resto de ciudadanos honrados puedan vivir dignamente, tener una casa y tal o no morirse de hambre. Pequeñeces.

No apruebo que el dinero público se inyecte a dichas instituciones porque sí, sin explicaciones y sin conocer los datos. Y con explicaciones tampoco.

No me creo éso de que estábamos en una burbuja. La burbuja la ponen y la quitan a su gusto. Más bien estamos sumidos en la burbuja de la ignorancia, la desinformación y el cutrerío. No aguanto a los expertos economistas y de todo tipo que proliferan como champiñones afirmando que ya lo sabían (ya lo sabía, ya lo sabía!), que ésto estaba cantado. Haberlo cantado antes. Los economistas hacen como los adivinadores o echadores de cartas (me encantan, yo voy a poner un chiringuito porque tengo poderes), que en lugar de profetizar el futuro te adivinan el pasado una vez ya se lo has contado. Éso, los más audaces.

También actúan como los obstaculistas generalizados. Sí, esa gente que ante cualquier reto planteado se dedica a animar al valiente iluso explicándole al oído que jamás conseguirá su objetivo; y cuando lo logra -que algunas cosas se logran- no reconoce su esfuerzo, sólo dice, lo sabía, tenía que ocurrir. Como si mañana cae un meteorito. No se inmutan.

Al calor hogareño de la supuesta crisis las empresas aligerarán personal, despedirán a media plantilla, porque siempre le viene bien a una empresa despedir a media plantilla, es el momento ideal. Los salarios se paralizarán, en especial los adscritos a la función pública, ya medio hibernados décadas atrás, hasta hacer realidad -que lo lograrán de nuevo- la frase que en mi tierra solían decir mis abuelos… passes més fam que un mestre d’escola.

Los precios de todas las cosas que se venden por ahí -parafraseando el nick de un buen amigo- subirán, porque es el momento adecuado para cambiar las etiquetas de las tiendas y meterle a todo un montón de euros más, es la crisis, se puede, no pasa nada. Además, es planetaria. Ahora en la tele dicen que esta situación no es global ni internacional, es planetaria. Quizá manaña sea extraterrestre. No se puede hacer nada, resignarse y rezar.

Por cierto, uno de los expertos a que me refiero explicó el otro día que no hay nada peor que la deflación, que los precios caigan. Vaya por dios. Ahora que ya habíamos entendido al fin que la inflación era mala, va y nos sale otro fantasma, la deflación. Éso no puede ser, es que tenemos que comprar y comprar y consumir y consumir, sin ganas, quelosepas, amable lector, compra compulsivamente veinte litros de leche cada día en lugar de cinco, no por si viene una guerra -que igual sí-, sobre todo porque aún es peor la deflación. Debe ser algo horrible. Seguro que es algo imponente. Algo imponente, sí, como anoche dijo Dionisio al rato de enseñárle las lucecitas del puerto a Paula.

Hubiera deseado decirle a Zapatero que cesara de suplicar al G-20 o como se llame para que le dejan entrar. Yo de él convocaría una reunión de pobres.

Porque los pobres son muchos, muchísimos. Con una mínima parte de la millonada que se inyectará a las entidades bancarias se erradicaría la pobreza en el mundo. Pero ésto es demagogia.

Y en qué creo yo, diréis. Yo, la verdad, creo en muchas cosas. Todavía.

Creo en la bondad de la gente, en el cariño de quienes me quieren y a los que quiero. En las ideas surgidas de la esperanza. Y en los duendes.

Y creo, creo firmemente que no hay crisis sino sólo una sinvergonzonería de los poderosos, los cuatro ricachones que gobiernan el mundo por encima y más allá de todos los gobiernos. Y que, cada cierto tiempo, redistribuyen su Monopoly, reparten su riqueza por placer, juegan a las cartas, se hacen notar y con sus caras hipócritas de analfabetos que aparentan saber muchísimo convencen al resto de humanoides de que algo horrible, muy horrible pasará si no continúan siendo pobres, que es su obligación. Su obligación para siempre para siempre.

No me hagáis ni puto caso, porque es que yo digo muchas tonterías.

I e s u

(ciudadano enajenado parcialmente total)

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7 comentarios to “Pánico”

  1. Javier 10 noviembre, 2008 a 12:58 pm #

    Sí, no tenía pensado hacerte ni caso, y por eso te contesto. Después de leerlo, claro.

    Sólo te diré (pues, aparte de que estoy en clase, no me encuentro en disposición de emitir grandes juicios filosóficos) que la crisis existe si la gente cree que existe. Es una crisis de naturaleza artificial, por supuesto; ¿ha sido provocada por la competencia de unos cuantos malintencionados o por la incompetencia de un sinfín de capitalistas? Es difícil saberlo pues, de nuevo, carezco de todos los datos, y, aún si los supiera, dudo que supiera qué hacer con todos ellos.

    Y aún si ha sido creada artificial e intencionadamente por unos pocos de los que van a hacerse todavía más disparatadamente ricos, está claro de que algo está pasando, y ese algo es (le has dado el mejor nombre) es el pánico, es un miedo ciego y sin identidad u origen reconocibles. Es un terror sin nombre, como el Balrog (fíjate tú).

    En todo caso, que la crisis está ahí; no es sólo la incertidumbre, la pobreza y la escasez, es la falta de sensatez y la inteligencia necesarias para sobreponerse, desde posiciones de poder, a las ansias de ganar dinero, para conseguir una unidad o una lucha por la igualdad, que permita recrear un mundo capitalista y terriblemente competitivo.

    No lo sé, es lo que pienso… es una excusa, pero no sé si se plantea como excusa conveniente o como creación conveniente. En todo caso, les conviene a los directores de banco. Aún cuando los cierran, los muy cabrones se llevan unas porciones de tarta de tamaño extra-extra-extra-grande.

  2. Jesu 10 noviembre, 2008 a 2:04 pm #

    Yo trabajando y tú estudiando, así levantamos al país…

    Estoy de acuerdo contigo, se trata sobre todo de una sensación que existe y que provoca unos efectos.

    No obstante, yo es que defiendo firmemente lo que he dicho, para mí no es una exageración o un tópico demagógico.

    Saludos, Javier!

  3. Jorge 10 noviembre, 2008 a 3:01 pm #

    Pensaba escribir, y lo haré esta semana, un artículo con una sola frase: “La única repercusión que ha tenido la crisis económica en mi economía personal es que el diesel ya está, de nuevo, por debajo del euro”.

    Además, la empresa que sustenta a mi familia hizo el pasado mes de septiembre récord de producción y facturación, en plena ‘fiebre crisil’, perteneciendo curiosamente al sector de la hostelería -que los españoles iban a utilizar, junto con otros, para apretarse el cinturón- y creando puestos de trabajo.

    ¿Excepcionalidad, ejemplo de gestión? No, normalidad absoluta. Los altos directivos de inmobiliarias y bancos siguen subiéndose los sueldos, siguen comprándose coches de lujo y siguen disfrutando de la fiesta, que ahora mejora porque incorpora al Estado como buen pagador, para garantizarnos la borrachera. Entre tanto, aprovecharemos para quitarnos a los trabajadores que nos sobran y viajar a países emergentes, donde empieza una nueva fiesta. Un chollo.

    Por lo demás es cierto que en España tenemos una crisis propia, que no tiene que ver nada con la crisis financiera internacional. Mi padre lo explica muy bien: en España la crisis financiera no ha tenido impacto porque como dice Zapatero el sistema bancario es el más sólido del mundo. ¿Por qué? Porque aquí los bancos siempre han sido miserables, abusones y ladrones. Nuestra crisis tiene que ver con algo mucho más simple, que también explica mi padre a la perfección: la economía del gañán. Esa es la española: aquí la riqueza no se ha creado porque invirtamos en educación, en formación, en innovación, en desarrollo empresarial, en investigación, en independencia energética… No. El crecimiento de aquí era el del ladrillo, el cemento, el gañán del pueblo con los pantalones remangados comprándole coches a sus hijos y diciendo “mis tierras valen más que ná”. Y creamos todo un sistema económico artificial donde había hueco para albañiles, carpinteros, vidrieros, electricistas, especuladores, banqueros, alcaldes, concejales… Era la hostia. Pero tenía fecha de caducidad. No, no estamos en crisis, simplemente hemos vuelto a la situación económica de 1996, previa a la liberalización del suelo, porque no da para más.

    Ahora, a lo mejor, a alguien se le ocurre que las economías razonables y sostenibles son las que se hacen de forma razonable y sostenible. O a lo peor, nuestros cerebritos tienen que seguir largándose a Europa y Estados Unidos porque aquí nos gobiernan los gañanes y sus primos son los empresarios, grandes emprendedores de cabeza partida.

    En fin, en fin. Me río de la crisis. Y ahora, mientras yo escribo estas cositas, el Presidente socialdemócrata español está reunido con los banqueros para preparar su cumbre. Pues eso.

  4. Jesu 10 noviembre, 2008 a 7:50 pm #

    Estamos de acuerdo en parte, Jorge (que ya es bastante).

    Es un chollo el que tienen (los poderosos) con la crisis. Es dura esta frase, pero creo que es cierta.

    Por otra parte, que no crea en ella no quiere decir que no existan los efectos de su fantasma. Si mañana un empresario manda a un currito a la puta calle, lo va a notar basante, sí. Y conozco ya a un buen grupo. Y puede tocarte a ti algo similar, o a mí, o miles de cosas más.

    Pero no comparto del todo la tesis sobre la particular crisis a la española. Odio la expresión del crecimiento del ladrillo (éso nos ha enfrentado en ocasiones) y no es que yo defienda ni al ladrillo ni a los que se van a forrar con el ladrillo. Sólo es la manera hasta el momento que han tenido de hacer cosas, de hacer casas, era un crecimiento lógico, que endeudaba a la clase media y que ahora los mismos beneficiados dicen ser los endeudados por éstos (vergüenza ajena). No podemos permitir que le den la vuelta a la tortilla cuantas veces quieran.

    Hay otras formas de hacer. Se pueden crear cooperativas, se puede incentivar las obras públicas, pueden los gobiernos ser valientes y plantarle cara a éso que se ha venido en llamar economía de mercado y que todos, sin saber por qué, aceptan, hasta los gobiernos supuestamente de izquierdas.

    No tiene agallas nadie para cambiar ese estatus, para cambiarlo de verdad, para decir que ése no es el camino. Que hay otros. Cuando lo descubran saldrán los listillos diciendo… lo ves, ya lo sabía. Mientras tanto, sólo es misión de valientes enajenados. Y se puede. Sí, se puede. Yo creo que se puede. Yo lo intentaría.

    Abrazos a todos, amiguitos!

  5. Jorge 10 noviembre, 2008 a 8:41 pm #

    Jesu, no tergiverses lo que digo. Menos cuando de entrada estamos de acuerdo, jajaja. Es broma, pero me preocupa el entendimiento. Pasaba igual con el tema del agua: uno niega el trasvase como solución y parece que está negando la necesidad de agua o la necesaria solidaridad entre pueblos. No hombre, hay formas y cuestiones.

    Pues eso. En este caso, yo no estoy en contra de que la gente construya y compre casas, ni defiendo que haya que regresar a las cuevas y abrigos montañosos, al más puro estilo Cro-Magnon. Es más fácil que todo eso: la economía de un país no puede basarse en el ladrillo. La economía española se basa en el ladrillo. Luego por tanto, blanco y en botella.

    Que vamos a ver, yo no estoy en contra de que la gente se haga una casa, vuelvo a repetir; sí estoy en contra de que alguien se compre el Monte Abantos y lo llene de horrorosos adosados a precios inalcanzables para las clases baja y media. Y si no estamos de acuerdo en eso algo se me escapa. Porque no puedo entender que alguien que pertenece a esa clase media que engloba a la mayoría defienda la especulación con un derecho fundamental (el de acceder a una vivienda digna), la destrucción de entornos naturales para crear negocios, el crecimiento descontrolado sin atender a demografía o recursos naturales o administrativos disponibles, etc. etc. Pero si me dices que el crecimiento hasta ahora era “lógico”, no tengo más que añadir. Porque hablas de cooperativas, de incentivar obras públicas. Genial. ¿Y qué tiene eso que ver con lo que ha pasado en España en la última década? Nada de nada.

    Seguiremos hablando, que ahora no tengo tiempo a extenderme y ha quedado un poco difuso y poco concreto. Un saludo 😉

  6. Javier 11 noviembre, 2008 a 10:10 am #

    Vuestras opiniones parecen razonables (a su manera, ambas lo son; sólo que no puedo extenderme demasiado para decir en qué estoy más de acuerdo con cada uno). En todo caso, quería mencionar un hecho… relevante. En este país no va a cambiar nada mientras no convenga a los de arriba.

    Ya está, ya lo he dicho. Va a hacer falta tirar el sistema entero y volver a empezar, y no me interpretéis como un anarquista. Simplemente, hay que replantear la forma en que muchos ganan su dinero a costa de los “curritos” y evitar que se siga haciendo. Lo llaman “reparto igualitario de la riqueza”; a mi me bastaría con que “diluyeran la pobreza”, pero como sé que a una sóla persona no van a hacerle ni caso… Hará falta mucho más.

    Para que dejen de construir, para que empiecen a ver que es mejor aprovechar lo que se tiene antes de hacer uno nuevo, para que aprendan que consumir no es la respuesta. Lo mismo pasa con las casas y el suelo; hacerlas nuevas es gastar suelo, pero hay terreno de sobras que ya está edificado, y en el que nadie vive (léase: en mi ciudad, Huesca, hay un taco de pisos por vender, y las inmobiliarias están desesperadas por venderlos; nuestro muy honesto alcalde, que se ha dado cuenta de que el chollo se le ha acabado, ha aprobado que los terrenos ya urbanizados, que no edificados, en los suburbios sean ocupados por parques. Como ya no van a ganar un duro con ese terruño, así se hacen los chicos buenos pretendiendo que es lo que tenían pensado todo el tiempo, pero al menos han acabado haciendo algo bueno con la tierra de por aquí).

    Y ya llego tarde. ^^

  7. neogeminis 15 noviembre, 2008 a 11:55 pm #

    Las consecuencias para los de abajo están , existen. Las explicaciones de los entendidos son comiquísimas y pretenden tomarnos el pelo. Nos las venden como infalibles recetas y las hay de todos los sabores. Aquí ya lo pasamos y sabemos bien de qué se trata! El 2000 fue fatal para nosotros, estábamos en el fondo del pozo y salimos…así que también esto se saldrá, poco a poco. Los beneficiados serán los de siempre, y también serán los mismos los que pierdan…ya sabemos en qué bando estamos, no tenagan dudas!

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