Verano, trabajo y Raquel

21 Jul

[Propongo un juego. Propongo escribir pequeñas historias entre todos aquellos que se pasen por aquí. Dejar unas cuantas líneas no cuesta nada… y puede salir una historia curiosa. ¿Te animas?]


Raquel estaba contenta.

Era la primera vez que iba a trabajar en verano y, aunque eso de servir cafés de diez a seis no era precisamente su sueño, ahorraría lo suficiente como para permitirse unas buenas vacaciones en otoño. Lo que Raquel no sabía era que, inmersa en un curro aparentemente anodino, iba a descubrir las historias personales más conmovedoras.

Antonio fue el primero en cruzarse en su camino. Tenía 33 años y los dos últimos los había pasado en la empresa. Sin pareja conocida, cualquiera hubiera pensado que era el soltero de oro, pero no. Bajo la apariencia de amabilidad, cortesía y caballerosidad había algo extraño.

Ciudadano Fer

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2 comentarios to “Verano, trabajo y Raquel”

  1. Jesu 22 julio, 2008 a 1:14 am #

    Tan extraño que le drogó desde el primer momento la manera en que le susurraba hola cómo estás al pasar por su lado cada tarde ocupando la mesa más vieja y pequeña donde tomaba un café solo, sólo mirándola y dibujando círculos pequeños cada vez más perfectos en los papelitos de servilletas, siempre a pares, juntos. Hola cómo estás, le rozaba el brazo con su cuerpo, las gotitas de sudor saltaban de uno a otro.

    Mañana iré con él, mañana. El martes decidió seguirle. Fue tras él y lo alcanzó por el camino, hola cómo estás, Raquel eres tú, quiero hablar contigo, quieres hablar conmigo, no, yo no quiero hablar con nadie, conmigo tampoco, contigo tampoco, es que, es que, yo necesito hablar, necesito hablarte, sabes lo que necesitas, yo no sé nada ni puedo darte nada, no quiero que me sigas, por qué has de seguirme, no éso no puede ser, todos queremos algo, yo deseo cosas, qué deseas tú, yo soy el hombre que no desea nada.

  2. Mónica 22 julio, 2008 a 6:44 am #

    Hola Fer!
    Este juego es una variación de Cadáver exquisito, un invento de los dadaistas, creo.
    Me sumo:

    “yo debo ser la mujer que sólo desea una cosa, tan sólo una, y si la adivinas…seré tuya!”

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