Esperanza Aguirre es algo así como el Real Madrid. Pase lo que pase, gane, pierda, empate, se lesione o salga de juerga, allí los ponen, los primeros en el candelabro. Anoche fue entrevistada en el programa de debate 59 segundos, de la televisión de todos los españoles (bueno, antes era programa de debate, ahora es de autocomplacencia y despiste). Los periodiostas volvieron a preguntarle mil veces si presentará su candidatura a la presdiencia del partido y del gobierno en no sé qué año, si en 2011 (no, éstas serán las regionales), en 2015 o en 2050 (en busca del fuego). Hicieron apuestas -a 50 euros la porra- a ver si acertaban a quién prefería en las instituciones europeas, si a Mayor Oreja o a Gallardón, que al parecer se lo van a ofercer. Uno de los profesionales de los medios, en un momento de transitoria lucidez, comentó hacia sus adentros si quizá estaban hablando morbosamente siempre de lo mismo y que tal vez a la gente de la calle le importe un pito todo ésto. Pues sí, dio en la diana. Siempre están hablando de lo mismo y a la gente de la calle le importa un puto pito (con todos mis respetos a la Espe, a su partido y a la Comunidad que representa). Creo que hablaron, asímismo, de otras osas, no sé si de la supuesta crisis, pero me dormí. Me durmieron.
Ayer también el profeta retroactivo de la crisis ninja y adivinador del pasado, profesor Leopoldo Abadía, copó portadas de periódicos al iniciar los bolos de su triunfal gira mundial explicativa de la situación. Es famoso por ingeniar la teoría, por explicarla de forma fácil y resumida. Cada vez la exprime y concentra más, tanto que anteayer frente a un micrófono la resumió en una frase, que creo reproducir casi textualmente… los bancos americanos han prestado dinero a quien no tiene suficientes ingresos ni trabajo fijo. Y se quedó por unos instantes contemplando a la locutora a la espera de que se posara a sus pies o le besara la mano por tamaño descubrimiento. Este buen hombre -él es el experto, no yo, tenedlo claro, yo no sé nada- se parece cada vez a más a Chance Gardiner, el personaje de Jerzy Kosinski, enamorado de la jardinería, que en aquella novela fantástica estuvo a punto de ser elevado hacia la Casa Blanca con pensamientos del estilo… En otoño los arbustos han de podarse para luego volver a florecer hermosamente cada primavera.
Pensemos un poco en la frase ninja. Repitámosla de nuevo. Los bancos americanos han prestado dinero a quien no tiene suficientes ingresos ni trabajo fijo. ¿Y no ha sido ésto así siempre? ¿Es alguna novedad la explotación bancaria de la clase trabajadora? Que nos pisoteen, nos agobien, nos expriman, nos estresen, nos las hagan pasar canutas para conseguir un sueldo que ofrecerles ingresándolo en sus propios bolsillos es -de momento- inevitable. Que nos traten de tontos, no. A ver, no son los trabajadores quienes hipotecan a los bancos. Son los bancos quienes hipotecan a los trabajadores. Pero yo no me haré famoso con esta frase, ni lo pretendo.
Ahora que, con la simple y curiosa mentalidad americana -que en otras cosas aplaudo, al menos no se matan entre ellos como nosotros- puede ocurrir de todo allá en la cumbre borrascosa. Escuché a McCain un día decir… algunos (su oponente) hablan de redistribuir la riqueza, y ya sabéis lo que significa éso, significa quitársela a unos americanos para dársela a otros. El auditorio, a semejanza de una secta, prorrumpió en gritos doloridos e histéricos de nooooooooooooooo, noooooooooooo, no lo permitireeeeemos!
Bien, estas ideas y frases geniales son las que gobiernan nuestro mundo decadente. Y los mundos decadentes creen todo aquéllo que escuchan. A los cinco minutos se les olvida porque su único problema es buscar un buen precio para la lechuga de la ensalada.
Ciudadano Iesu
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