
Por aquel tiempo la Argentina pasaba por uno de los momentos más negros de su historia reciente. El Gobierno de Fernando de la Rúa se desmoronaba como una marioneta desarticulada.
La continuidad del modelo neoliberal menemista, la concentración de la riqueza, la ciega obediencia al FMI, la política de ajuste, el desmesurado aumento del desempleo y la vertiginosa multiplicación de la pobreza, provocaron una desesperante situación en todo el país.
Manejados, en su mayoría, por activistas contrarios al gobierno, sectores de las clases más empobrecidas salieron a las calles a saquear negocios y supermercados. El miedo y el caos se apoderaron de los centros urbanos más importantes, mientras el gobierno no atinaba ni a controlar ni a calmar los descontentos.
Con la orden de reprimir, las fuerzas de seguridad salieron a frenar los saqueos y en más de una situación, el accionar se pareció más a una cacería indiscriminada.
En esas jornadas, en la ciudad de Rosario, con un alarmante índice de pobreza, se reflejó la situación nacional. Con más del 20% de desocupación, y más del 10% de la población en villas miseria, los vecinos de los sectores más pobres se movilizaron en grupos con el propósito de protestar y saquear los supermercados cercanos.
Pocho Lepratti trabajaba como auxiliar de cocina en el comedor de la escuela número 756 José M. Serrano de Las Flores, un barrio duramente azotado por la desocupación y la pobreza.
Mientras se desataba la movilización, Pocho se mantuvo expectante. Junto con sus compañeros, subía al techo de la escuela, desde donde se ve la avenida de Circunvalación, una las principales arterias de circulación de la ciudad. El conflicto se desarrollaba a más de 300 metros de la escuela, y cuando pasó el móvil 2270 del comando radioeléctrico, disparando hacia el aire, para reprimir la movilización, Lepratti los increpó a detenerse, porque las balas podían herir a alguno de los niños de la escuela.
Fue entonces cuando el patrullero dio la vuelta y se detuvo frente a Pocho. El agente Velásquez, que salió de la parte posterior junto con el agente Pérez, hizo el resto. Claudio Pocho Lepratti, de 35 años de edad, quien supo hacer del compromiso y la solidaridad una forma de vida, cayó asesinado por la policía, fusilado de un tiro que le reventó la tráquea, efectuado con un perdigón de plomo de una escopeta calibre 12,70, disparado por el policía Esteban Velásquez a siete metros de distancia. El disparo lo arrojó hacia atrás y su cuerpo se desplomó sobre el techo de chapa.

Pocho estaba comprometido con la fe cristiana, ex-seminarista, siempre estuvo en contacto con la gente humilde. Pensaba que la fe y la acción no debían marchar separadamente. Decidió instalarse directamente en una villa de Rosario ubicada en el barrio Ludueña Norte, donde continuó con sus votos de pobreza y castidad. Era un pacífico, comprometido con el barrio; el sueldo que sacaba en la escuela lo ponía a disponibilidad de la gente de la villa que lo necesitaba, le decían El ángel de la bicicleta, porque andaba todo el día en su bicicleta, visitando y buscando la ayuda para cada familia. Si bien el 19 de diciembre de 2001, la ciudad de Rosario se quedó sin su Ángel, por las calles de la ciudad se fueron multiplicando las bicicletas aladas pintadas en los muros, recordando a Pocho.
Pero no sólo quedan de él pintadas simbólicas en las paredes. Han pasado ya casi ocho años de su asesinato, los responsables están juzgados y presos.
Muchos podrían pensar que la obra y el empuje de aquel muchacho soñador se diluiría en el tiempo junto con su desaparición física, pero no ha sido así.
Felizmente a partir de su memoria y sus ideales se ha abierto un abanico multifacético de expresiones y acciones que consiguen multiplicar día a día los principios que Pocho soñaba hacer realidad. Les dejo una serie de enlaces a sitios que muestran cómo crece su legado solidario.
Ciudadana Mónica
Etiquetas: bici, bicicletas aladas, compromiso, Fernando de la Rúa, Pocho Lepratti, Pochormiga, Rosario
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