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Represión y muerte de ciudadanos argentinos miembros del Pueblo Qom

8 feb

Carta abierta a la presidenta

(Texto completo)

La comunidad qom La Primavera viene denunciando asesinatos encubiertos desde 2010. | Foto: Cedoc

Investigadores, académicos, periodistas y escritores le reclaman a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, mediante una carta abierta, que intervenga para evitar la “represión y muerte de ciudadanos argentinos miembros del Pueblo Qom”.

La carta, dirigida a la mandataria y al ministro de Justicia Julio Alak, hace un repaso de las muertes de miembros de la comunidad Qom, ocurrida en el último tiempo en las provincia de Chaco y Formosa, y destaca que “no han sido investigados satisfactoriamente”.

Entre los casos más recientes se encuentra el de la muerte de Daniel Asijak, de 16 años, quien era nada menos que el sobrino del líder de la comunidad qom La PrimaveraFélix Díaz, una de las caras visibles de las sostenidas denuncias contra policías y el gobierno provincial, que ya protagonizaron varios enfrentamientos por tierras, provocando la muerte de otros integrantes de la comunidad.

Su muerte, el 9 de enero pasado, ocurrió apenas unos días después de que se produjera el asesinato de Iber Flores, el niño qom de 12 años que fue atacado a golpes en la localidad chaqueña de Villa Río Bermejito.

En diciembre de 2012, una familia qom fue atropellada, al parecer de forma intencional, por un gendarme, provocando la muerte de una mujer y su nieta de 11 meses.

“Todos los fallecidos eran ciudadanos argentinos pertenecientes al Pueblo Qom y han muerto en circunstancias dudosas, o asesinados. Tres de estas personas eran niños”, señalan en la carta.

Y agregan que a ello “deben sumarse las amenazas verbales y ataques permanentes que sufren los miembros de estas comunidades, la quema sistemática de sus documentos y pertenencias, y otras acciones destinadas a atemorizar y a potenciar la impunidad de los criminales”.

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YPF | Futuro incierto

24 abr

El petróleo argentino
Enrique Carlos Alberto Mosconi nació el 21 de febrero de 1877. Fue un militar e ingeniero argentino, conocido principalmente por haber sido pionero en la organización de la exploración y explotación de petróleo en Argentina. Fue el ideólogo y primer director de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

Últimamente y a raíz de la decisión del actual gobierno argentino de nacionalizar el 51% del capital de la empresa petrolera argentina YPF -que hasta el momento y desde 1992 estaba en manos de la española Repsol- se ha generado un conflicto entre España y Argentina que amenaza con dilatarse más aún.

El motivo principal que aduce el gobierno argentino para justificar este replanteamiento en cuanto al manejo de la empresa, es el estado de desinversión sostenido al que se ha venido sometiendo a YPF, situación que contradice el compromiso asumido por Repsol en el momento de tomar el control mayoritario de los capitales y que ha venido provocando un marcado desabastecimiento de combustible en un país que pasó -en pocos años- de ser exportador a tener que importar la mayor parte del petróleo que consume.

Para comprender -al menos en su generalidad- la historia del proceso de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, me limito a enlazar a la siempre útil Wikipedia. Allí aparecen resumidas las distintas etapas  que transitó la empresa -desde sus comienzos, en 1907- según las distintas políticas económicas que se fueron aplicando durante los sucesivos gobiernos nacionales. Como se observará, una empresa que nació como emblema de la industria nacional independiente, pasó a ser privatizada durante el gobierno de Carlos Menem, como parte de la reestructuración (léase achicamiento y saqueo) del Estado, que aplicó siguiendo las directivas e intereses de los grandes grupos multinacionales y que gradualmente fuera determinando la catastrófica crisis económica del 2001. Por aquel entonces, cuando el partido oficialista -justicialista- decidía sin oposición significativa los destinos del país, tanto Néstor Kirchner -por ese entonces gobernador justicialista de la provincia (petrolera) de Santa Cruz-, como su esposa, Cristina Kirchner -diputada por su provincia- fueron impulsores desde la legislatura y el ejecutivo santacruceño, de La Ley de Federalización de los hidrocarburos y la consecuente privatización de YPF.

Hoy, en un marco histórico diferente y al frente de un gobierno nacional que se asume como nacional y popular -con evidente incoherencia ideológica y logística- la misma persona que contribuyó a que una empresa nacional del calibre y naturaleza de YPF -fundamental para la soberanía de un país- pasara a manos privadas, decide volver a nacionalizarla. Desde los distintos sectores políticos argentinos -salvo muy puntuales excepciones- se celebra la decisión y se espera poder debatir la forma y estrategia que se llevará adelante de ahora en más en cuanto a política energética, aunque, basándonos en la experiencia y la manera autónoma e inconsulta con que se viene actuando en el gobierno kirchnerista, se teme que se siga transitando sin un plan estratégico global para el tema energético, elemento indispensable a la hora de definir no sólo las características de la nueva YPF -y sus subsidiarias- sino la estructura administradora que conducirá su destino.

(Tan sólo con ver quiénes son los que CK ha colocado al frente de la intervención de YPF, me asaltan grandes temores al respecto!)

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Hilos entre las sombras

29 dic

Una ley más que sospechosa

Sin que nadie se anoticiara de lo que iba a suceder, mientras casi todo el país se disponía a comprar regalos y pan dulce para pasar las fiestas (al menos, los que podían) y recién iniciado el segundo mandato de Cristina K, el oficialismo envió al Congreso una insospechada ley que sorprendió a propios y extraños, aprobándose en forma expeditiva y sin que su razón de ser haya sido convenientemente aclarada.

Apenas con el tiempo suficiente como para hojear la carpeta del anteproyecto los diputados y senadores que responden incondicionalmente a los mandatos presidenciales levantaron su mano en señal de convalidación.

La Cámara de Diputados aprobó y giró al Senado los proyectos de ley reclamados por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) referidos a incorporar al Código Penal como delitos aquellas acciones que afecten el orden económico y financiero, y el que penaliza “las actividades delictivas con finalidad terrorista”.

Para quien esté al tanto de lo que sucedió en la Argentina en relación al terrorismo y la lucha armada de los años 70 y su contracara, el desembozado terrorismo de Estado (con sus arbitrariedades, su barbarie y sus indiscriminadas consecuencias) debe resultar sin dudas inentendible que ahora, en medio de un proceso democrático estable, consolidado y respaldado con holgura por la voluntad popular y sin que exista grupo extremista alguno que ponga en riesgo la estabilidad del sistema, surgiera -desde el propio oficialismo- un proyecto de ley destinado a tipificar bajo el estatus de terrorismo ciertas acciones que puedan surgir dentro de la nación y que incumben a los distintos ámbitos de la sociedad en que se desarrollan. 

Luego de la sorpresa inicial y viendo el marcado interés que el gobierno ha puesto para que la ley salga rápidamente y sin casi debate, uno intenta ahondar algo más en el trasfondo que hay detrás de esta ley que -luego de su aprobación- ha motivando, incluso, algunas tibias disidencias dentro de los círculos kirchneristas (1) y (2).

Si bien los voceros oficiales se las ingenian para suavizar las aristas ríspidas de la sospechosa ley y los exabruptos de algunos funcionarios de segunda línea que no se privaron de mostrar la hilacha revanchista,  uno no puede menos que sorprenderse (?) al enterarse que ciertas organizaciones internacionales (desconocidas hasta aquí, al menos para la que suscribe) han sido las que vienen presionando para que el gobierno argentino apruebe dicha ley y convalide las recomendaciones y directivas que -desde lo alto y ocultos tras una nebulosa- estos grupos supranacionales determinan moviendo los hilos de sus influencias  mediante legislaciones adecuadas a las pautas que ellos mismos establecen.

Dentro de utilidades ofrecidas en la página web del GAFI encontré lo siguiente:

La Unidad de Información Financiera con recursos propios pone a disposición de los sujetos obligados y del resto de la comunidad, un sistema de consulta interactivo de personas físicas y jurídicas designadas como terroristas por distintas organizaciones, países y la lista consolidada establecida y mantenida por el Comité del Consejo de Seguridad.
El sistema descarga diariamente a las 00:00 hora de la Argentina, los listados de terroristas contenidos en los sitios Web oficiales de las Naciones Unidas, la Unión Europea, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos de América y los utiliza para realizar la búsqueda pertinente.
En consecuencia, no se trata de información propia de la Unidad de Información Financiera sino elaborada por los arriba citados y por cuya exactitud, veracidad e integridad esta Unidad no es responsable. El usuario puede en todo momento cerciorarse consultando en forma directa los citados sitios Web a través de los enlaces precedentes.

Por lo tanto, si cualquiera de ustedes (ciudadanos de a pie o entidades gubernamentales, financieras o de otra índole), necesitan consultar un listado confiable de terroristas, no tienen más que clickear en los enlaces que en esa web se les indica.

‘Qué les vamos a decir…’

6 nov

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Este país, mi país

3 nov

Suponer que alguien de otro país, con otra realidad, otra historia, otras costumbres, otra idiosincrasia, llegue a entender en poco tiempo -viéndolos desde lejos- los pormenores de la política y la sociedad argentina es pretender demasiado.

Nadie que no haya vivido desde adentro los vaivenes históricos y los sucesivos procesos de la conflictiva política nacional puede interpretar con exactitud cómo se dan las tramas entre los distintos sectores de la sociedad, cómo se alinean los principales personajes, cuáles son los intereses que se mueven detrás de lo que aparenta ser orgánico y en realidad no es. Aunque para ser francos, tampoco se logra entender claramente desde nuestra propia óptica.

Intentar comprender, por ejemplo, que dentro del principal movimiento político hayan cohabitado desde sus comienzos los extremos más reaccionarios con grupos innegablemente progresistas -la derecha más conservadora, con la izquierda más contestataria- no es sencillo de racionalizar. Aceptar como proceso inherente a ese mismo movimiento la sucesión alternativa y la puja constante entre ambos sectores sin que ello haya nunca implicado una fractura determinante dentro de la estructura partidaria tampoco es algo que se comprenda fácilmente. Mucho menos si sumamos el detalle de que los personajes más destacados dentro de ese mosaico variopinto van siendo, según sean las circunstancias, referentes sólidamente aceptados tanto de uno como del otro extremo del abanico ideológico. Ambos sectores, en apariencia, irreconciliables y opuestos entre sí, comparten los mismos líderes ancestrales, las mismas referencias históricas que les dieron origen, las mismas banderas y los mismos himnos presidiendo sus actos partidarios. Incluso no son raros los dirigentes que, alternativamente, se van mostrando al frente de lo que se va dando en llamar oficialismo u oposición según sean los vientos.

A modo de ejemplo, Eduardo Duhalde fue -entre otras cosas- vicepresidente de su correligionario Menem, más tarde, cabeza visible del sector que surge como su antagónico. Luego, dirige en forma interina la presidencia de un país que se viene a pique, revirtiendo la política económica neoliberal que llevó a la Argentina al borde del abismo. Llamando a elecciones en el 2003 apoya y promueve al candidato Néstor Kirchner quien finalmente resulta electo. A partir del 2005 y luego de un periodo de cordialidad, Duhalde se transforma en uno de los principales líderes de la oposición anti K, buscando limitar los poderes extraordinarios y el desembozado personalismo de la política kirchnerista.

Para tratar de comprender por qué y cómo se pueden llegar a dar estas contradicciones es válido tener en cuenta que, en forma genérica, el argentino medio interpreta la adhesión a un partido político como la aceptación de una determinada paternidad. Se busca que el líder político unifique las funciones de padre, líder, y teórico, llegando a aceptar sus sentencias como inapelables y cualquier cuestionamiento corre el riesgo de interpretarse como una traición. Atada a esta tendencia nuestra de dividir la sociedad en opuestos irreconciliables -aunque esos opuestos paradójicamente lleguen a cobijarse bajo las mismas banderas- nos es intrínseca la búsqueda, imposición y aceptación incuestionada de indisimulados personalismos y con ello, una fuerte concentración del poder.

Los personajes políticos que llegan a destacarse -salvo honrosas excepciones- promueven en forma inmediata el surgimiento de propias corrientes personalistas que rápidamente adoptan el patronímico del líder como denominación partidista, generándose por ende y en forma paralela el surgimiento del concepto de “opositor” que abarca a todo el que no adhiera a su liderazgo.

El concepto de “nosotros y los otros” generalmente surge en forma irreconciliable llegando a pasarse por alto cualquier otra coincidencia ideológica que no se circunscriba al círculo interno de ese movimiento. Se llega al límite de ignorar los genéricos conceptos de “izquierda o derecha” universalmente aceptados como indicativos de un mayor o menor conservadurismo ideológico de referencia, a tal punto, que llegan a coexistir ambas posturas alineadas bajo el cobijo de un mismo líder. En este sentido es incuestionable que historiadamente ha sido dentro del partido Justicialista (léase peronismo) donde con mayor frecuencia y con mayores contrastes se ha dado -y sigue dándose- este fenómeno.

Dentro de ese contexto tan difícil de asimilar, acaba de darse para el futuro argentino una circunstancia totalmente imprevista que influirá, sin ninguna duda en nuestros proyectos más inmediatos. Ha muerto Néstor Kirchner, ex presidente y líder indiscutido de la corriente peronista que asumió el poder en el 2003, precisamente luego de la catastrófica crisis en la que sucumbió el país a consecuencia de las políticas neoliberales aplicadas por Carlos Menem (también peronista, recordemos) y sucedáneos.

Como es de suponer, la coexistencia de posturas radicalmente opuestas no puede dejar de generar enfrentamientos internos a medida que cada una pugna por adquirir preponderancia sobre la otra, llegándose incluso al enfrentamiento armado.

Bien cabe recordar uno de los hechos más trágicos de la historia argentina reciente: la llamada masacre de Ezeiza de 1973, en ocasión del regreso del General Perón a la Argentina luego de su exilio en España. Claramente fue el suceso que más cerca estuvo de producir un quiebre efectivo dentro de las filas peronistas y paradójicamente nunca fue lo suficientemente asumido por sus propios protagonistas. Después de aquel violento enfrentamiento en el que se registraron varios muertos y del que nunca se buscaron responsables, los dos extremos antagónicos se fueron consolidando y cerraron filas en torno del viejo líder recién llegado del exilio. Uno de esos sectores, asumido como izquierda armada, será el que deriva más tarde en la agrupación Montoneros con la que se identifica -al menos en palabras- el mismo Kirchner.

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Los guardianes de Chávez

22 sep

Recomiendo hacerse tiempo y mirar uno a uno los cinco vídeos. Cada quien sacará después sus propias conclusiones.

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Contra los negociados, el saqueo y la corrupción

19 jul

Pascua Lama y los mega emprendimientos mineros

Creo que a estas alturas, quien más quien menos ha oído hablar del proyecto Pascua Lama de minería a cielo abierto en plena zona de glaciares en la Cordillera de los Andes.

También es bastante lo que se ha escuchado sobre las sospechosas relaciones entre el gobierno de los Kirchner y la Barrick Gold, corporación canadiense beneficiada con la explotación de dicho emprendimiento y famosa en el mundo entero por sus proyectos mineros depredadores, que borran montañas con dinamita, separan el oro utilizando cianuro y agotan las reservas de agua potable.

Son varios los legisladores argentinos que vienen denunciando oscuros negociados entre el oficialismo y dicha compañía minera, poniendo como prueba principal el veto presidencial que Cristina Kirchner impusiera a la Ley de glaciares.

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Por suerte son también fuertes las voces que se vienen organizando contra este nefasto proyecto de saqueo y depredación  de los mega emprendimientos de minería a cielo abierto.

Las recientes fotos que muestran en animada charla a la presidenta argentina junto al sonriente Peter Munk, CEO de la Barrick Gold (empresa anfitriona en Canadá de la delegación argentina que participó en la cumbre del G-20) no hacen más que confirmar las estrechas y no sanctas relaciones que existen entre el actual gobierno argentino y dicha empresa minera.

Para profundizar mucho más en el tema, ahondando en los oscuros intereses que se vienen gestando en cuanto al tema de los recursos mineros en Argentina desde la época menemista, recomiendo leer en e4blog el artículo enlazado de Pino Solanas, reconocido cineasta, actual diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires y destacado referente de la centroizquierda nacional.

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