
Sí, en efecto nos enfrentamos a un problema que no es nuevo.
Hace siglos quemaban gente en la hoguera por mucho menos. - ¡La Tierra es redonda! - ¿Redonda? ¡A que te quemo!
Y así ha ido evolucionando la humanidad, a trompicones y cuando los poderosos no han tenido más remedio que ceder.
Cuando Galileo andaba con sus problemas esféricos estaba en juego el poder de la Iglesia y su milenario negocio (institución simbólica del atraso histórico durante diecinueve siglos). Ahora lo que está en juego es nada menos que el poder al que se han subido las constructoras, las petroleras, las empresas energéticas: son ellos los que controlan y mueven el mundo.
Un científico no es más que eso, un científico, que tiene que huir y buscar subvenciones debajo de las piedras para seguir adelante con su trabajo. Esa dependencia provoca la mayoría de las veces que las grandes industrias (y los gobiernos) frenen su trabajo si este puede tener un perjuicio económico para una gran multinacional, o para varias.
Es el caso del cambio climático. Miles [...] se apresuran a salir gritando “¡yo no creo en el cambio climático!” sin darse cuenta de lo que tienen delante: catástrofes naturales sucesivas a un ritmo más acelerado que nunca, o algo tan cotidiano como la transición entre estaciones. Si alguien con más de veinte años de edad niega que algo está pasando es porque tiene un serio problema de percepción de la realidad.
Yo no soy físico, pero tengo ojos. Y me resulta evidente que la desenfrenada actividad del ser humano debe derivar en algún tipo de consecuencia. La Tierra surgió, pero no preparada para nuestras cocciones irresponsables.
Reitero: yo no soy físico. Y sin embargo me gusta muchísimo respetar las competencias profesionales de cada cual. En política se puede meter cualquiera, pero en ciencia no. Por eso creo que estoy en mi derecho de fijarme no tanto en las apreciaciones de los grupos de presión conservadores, de los Consejos de Administración de las empresas que más devastan nuestro Medio Natural y que pagan a extraños desconocidos implementados a la fama con informes de dudosa estabilidad, de los primos desconocidos de un líder político elegido a dedo para ocupar un cargo de representación… y sí hacerlo más en los expertos de Naciones Unidas, en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en un señor que ha ganado el Nobel de la Paz… ¡el Nobel! ¿Ahora se lo dan a cualquiera? Curie, Marconi, Severo Ochoa, Fleming, Ramón y Cajal, Smith… cada uno lo recibió en sus diferentes categorías, pero todos tienen algo en común: ninguno es sospechoso de ser un simple charlatán, todos aportaron algo al avance de la humanidad. Dudo mucho que la gran institución que lleva el nombre de Alfred Nobel quiera en el año 2007 tirar su prestigio por la borda metiendo la pierna en cuentos de niños y farsas de rebeldes sin causa.
El tema es serio. Llevamos siglos viviendo escenas similares. Alguien da un paso adelante, y quien tiene el bastón de oro le golpea para que vuelva atrás, al redil con las ovejas, pastando tranquilo de aquello que el mismo señor del bastón dorado va a venderte por un módico precio.
Por todo esto, y mucho más, voy a iniciar desde mañana una mini-campaña para dar a conocer las razones científicas que existen para preocuparse por el problema del cambio climático. Razones que no son mías (yo no soy físico), sino de quienes saben de esto (yo creo en la ciencia).
Espero no aburriros mucho.
Ciudadano Jorge, República de Suqua.