Desnudos y pudores
Dice la leyenda que en el principio Adán y Eva fueron expulsados del paraíso luego de que la manzana hiciera que tomaran conciencia de su desnudez. Desde ese momento la humanidad ha interpretado su cuerpo (sobre todo ciertas partes específicas) como vergonzosas, culposas e impuras.
Si bien se tiene la suficiente grandeza y capacidad como para valorar y reverenciar la maravilla de la Creación haciendo de la Naturaleza la primera fuente de inspiración para las inquietudes artísticas y espirituales de la humanidad, asumir nuestro propio cuerpo como expresión digna y perfecta de ella, es un tema que todavía (aunque cueste creerlo) no se ha resuelto.
Si bien el concepto de desnudez varía según las culturas, existen ciertas áreas específicas del cuerpo que coincidentemente se asumen como impropias de ser mostradas fuera de la intimidad.
Aún en sociedades tribales donde (para nuestros ojos) hombres y mujeres no se cubren el cuerpo con vestimenta alguna (sin siquiera un taparrabos) la exhibición de las partes más íntimas no se consideran aptas para mostrar a los demás.
Los hombres de ciertas tribus de la selva amazónica, que sólo llevan una hoja de palma envolviendo su pene reaccionan asombrados ante el acto de bañarse totalmente desnudo de un occidental (sin la susodicha hojita de palma!).
También las mujeres, que no cubren su cuerpo más que con algún collar o adorno breve, al sentarse se cuidan de que su zona genital no sea expuesta a la vista de quien se sienta enfrente.
En el arte rupestre, se representaba el cuerpo humano con sus órganos genitales bien definidos a modo de invocación para lograr la fertilidad.
En la Grecia clásica y la Roma antigua la representación del cuerpo humano totalmente desnudo no era ofensivo, por el contrario eran muy comunes las estatuillas de guerreros o “deportistas” desprovistos totalmente de ropas.
En toda la tradición bíblica es constante la afirmación del valor positivo del pudor, junto con la condenación clara de la falta del mismo.
Con el ascenso de la Iglesia cristiana como reguladora de la moralidad de la sociedad medieval, la consideración de la desnudez como tabú volvió a tomar fuerza, revalorizándose sobre todo el concepto de la impureza de la genitalidad: el cuerpo humano debía ser cubierto por considerárselo vergonzoso y la castidad y la pureza eran virtudes que deberían reflejarse en el carácter de la vestimenta.
A lo largo del tiempo, nuestra cultura occidental fue evolucionando desde aquellos primeros conceptos donde la desnudez sólo podía vincularse a tres situaciones:
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humillación (los condenados eran conducidos al lugar de su muerte despojados de sus ropas para aumentar la deshonra),
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impureza (mostrarse voluntariamente descubierto era una ofensa hacia el prójimo y hacia Dios)
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inocencia absoluta (la desnudez de los niños no era considerada ofensiva).
Paulatinamente el término desnudez fue restringiendo su significado a partes del cuerpo más acotadas. No sin problemas, rechazos y disputas, el arte consiguió derribar las sólidas barreras que imponían las voces religiosas frente a la desnudez. Quizás se pueda decir que fue durente el Renacimiento cuando la sociedad occidental se fue permitiendo observar la representación del cuerpo humano como expresión de la misma Naturaleza, manifestación explícita de la grandeza de Dios.
Add comment 28 Abril, 2008
