
A propósito de la censura indiscriminada que se viene sufriendo en algunas plataformas de blogs…
Al ser parte de una sociedad nuestras acciones deben adecuarse a indispensables normas de convivencia; el derecho de uno termina donde comienza el derecho de los demás; eso, aunque cueste a veces ponerlo en práctica, es un umbral de coexistencia que no se discute.
En cualquier actividad donde intervengan numerosos usuarios la definición de límites debe ser muy precisa y no prestarse a confusión; éso es un presupuesto que no siempre se concreta cuando la relación entre el control y los usuarios no es fluida y los canales de comunicación entre ellos no permiten un contacto personal y directo.
Suele suceder que invocando la protección de menores frente al abuso o a la proliferación de pornografía en internet, se establecen códigos de conducta tan genéricos que terminan censurando expresiones artísticas que lejos están de esa calificación.
Cuando se establece como inapropiada “la desnudez” (en ese grado absoluto) se presupone como obscena la naturaleza misma de nuestra especie, cuando en realidad, lo que resulta “ofensivo o inmoral” sería cierta “intencionalidad” que se le puede dar a esa desnudez; por eso mismo, por tratarse de un aspecto subjetivo, es que el llamado “sentido común” debe dictaminar a dónde están los límites entre lo apropiado y lo inconveniente. Si el criterio de “no aceptar desnudez” se aplica al pie de la letra terminan siendo censurados de la misma manera el David de Miguel Ángel como la exhibición de genitales que se quiera hacer para publicitar un porn site.
Sin duda, por ser el usuario quien acepta las condiciones establecidas, serán los responsables que brindan el servicio los que tendrán la última palabra, pero esto no quiere decir que ese arbitrio no deba darse sin un sentido lógico y adecuado a la cultura y a la sociedad a la que está destinado el servicio.
No hacen falta muchas luces para entender que en esos casos, la evaluación de lo que infringe o no un aceptable código de conducta, debe estar dada por un criterio “humano y responsable” y no una censura indiscriminada, mecanizada e impersonal donde el usuario ni siquiera tiene expectativas de ser considerado en forma particular.
Así mismo, y dado que a pesar de las corrientes globalizadoras en las que se sumerge el mundo tecnológico actual, dentro de la comunidad virtual cohabitan personas de distintos credos y formas de pensar, no se puede pretender “unificar en más” las restricciones expresivas, ya que, precisamente por existir esa pluralidad de culturas no es lógico imponer al resto, los tabúes o prohibiciones que se dan en las sociedades menos permisivas.
Sería lógico pensar en normas de convivencia escalonadas según sea la comunidad en cuestión, ya que lo que ofende a un musulmán, por ejemplo, es algo habitual e inofensivo para un occidental, a quien, muy por el contrario, lo que le resulta ofensivo es esa arbitraria limitación de su libre expresión.
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