Grandes enfermos de la Historia | Akhenatón
Es casual pensar que aquellos grandes personajes de la historia destacados, bien por su condición, bien por sus hazañas, estaban exentos de todo mal ajeno a su situación al contar con esa especie de idealismo que sus coetáneos les proporcionaron, a lo largo de su vida, de manera gratuita. Pero pocos se libraron de no padecer desgracias físicas o psíquicas que determinaron su forma de actuar y su período vital.
Lo que pretendo con esta serie de artículos es, por tanto, recapitular sobre algunos de aquellos personajes que nos enseñaban en la escuela que tantas veces nos permitieron soñar junto a la fuerza de sus palabras, el blandir de sus espadas o la apariencia de sus heroicas actuaciones.
Me ha parecido conveniente establecer un listado por orden cronológico en el que se alternen personajes de toda condición social -aunque no siempre resulta fácil-, hombres y mujeres pero, sobretodo, personajes de esos que entran dentro de lo que podríamos llamar culturilla general.
Nota. Dada la extensión de los artículos los personajes se irán intercalando con otras entradas, en este recién estrenado Cuaderno de Historia.
Amenofis IV (Akhenatón) 1372 a.C. – 1354 a.C.: El sucesor de Amenofis III y décimo faraón de la dinastía XVIII es uno de los casos más ejemplares de la Antigüedad en cuanto al tema que nos ocupa. Es, sin duda, una persona de gran controversia por haber revolucionado las perspectivas religiosas y culturales de su época, siendo este detalle uno de los más importantes para la hipótesis que voy a detallar a continuación.
Se baraja que Akhenatón padeciera el síndrome de Marfan, una enfermedad poco común causada por la alteración del cromosoma quince y, en apariencia, viene reflejada por una gran altura del individuo en cuestión, manos grandes con dedos muy alargados, una excesiva prominencia del hueso sacro produciendo unas estrías características, deformación de la columna, pliegue doble en el cuello y paladar ovoide.
A grandes rasgos, la enfermedad se trasmite genéticamente es un 50% de los casos, por esta razón, aunque el faraón presente algunas de las características físicas se especula con que sus antecesores no la hubieran padecido y que hubieran sido simples portadores. En definitiva, he elegido la hipótesis de este síndrome porque me ha parecido la que mejor se refleja en algunas de las esculturas que han llegado hasta nuestros días pero todo son conjeturas por el gran espacio temporal que nos separa y que, por el momento, la arqueología no ha desvelado.
Retrotrayéndome a lo que he señalado antes sobre la revolución que este faraón provocó en su reinado y, en el caso de que padeciera este síndrome, hay que señalar que la alteración cromosómica señalada no afecta a las capacidades cognitivas del enfermo, ni a su inteligencia. Aunque se sabe que su enfermedad pudo afectar en las relaciones familiares, siendo su madre la única persona que le diera un gran afecto y le apoyara en los momentos decisivos del cisma religioso entre el clero de Amon y el clero de Aton, la nueva religión monoteista y de tintes naturalistas que instituyo, tomando el disco solar como dios de esta nueva religión.
Finalmente, su muerte prematura, siguiendo la línea de la hipótesis, entre los treinta y los treinta y seis años pudo deberse a este síndrome, aunque no se han hecho demasiadas conjeturas sobre este asunto.



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