Luego del espanto inicial tras la masacre de ayer en Oslo, esclarecida la identidad del solitario lunático que llevó adelante ambos atentados y sabiendo que el mismo contaba con una página web desde donde venía anunciando su pensamiento racista y violento, cabe preguntarse dónde poner el límite entre el principio de libertad de expresión universal y el punto en donde se debería ya actuar en previsión y seguimiento de estos siniestros personajes.
Sé que es un punto muy álgido, pero propongo el debate.
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Yo pienso, Mónica, que el problema no es tanto la difusión de publicaciones de ese tipo, sino la existencia misma de esos pensamientos y su encarnación en personajes tan diabólicos.
Más bien he pensado estos días en responsabilidades colectivas, si puede haberlas, por alentar un mundo y una Europa tan lejana a los ideales que en teoría le dieron vida; políticas antisociales y contra la inmigración, tan increíbles como el cierre temporal de fronteras, el cuestionamiento de la integración de los países menos desarrollados o el sometimiento al poder del dinero, nos obligan a reflexionar sobre la Europa que queremos y nos demandan valentía y transgresión a la hora de continuar el camino.
Es la realidad misma la que da miedo, no el ciberespacio.
Un abrazo.
ORACIÓN
Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,
En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.
Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.
Gloria Fuertes
Es muy cierto, Jesús, que estos personajes son reflejo de lo tenebroso que subyace dentro mismo de nuestras sociedades. El racismo, el odio al diferente, la xenofobia que se alimenta desde distintos sectores que ante la crisis que les afecta los bolsillos se olvida de aquellos ideales que quizás antes decían defender -para algunos,quizás, porque quedaba bien o estaba bien visto y hasta les resultaba cómodo-.
Lamentablemente, a la hora de poner el hombro y buscar en profundidad las causas del desbarajuste, muchos caen en el facilismo de pensar que los de afuera son los que molestan, que los que llegan en busca de horizontes les quitan el trabajo a los nacidos allí y es así como quizás se vean tentados por ideologías fascistas que les alienten acciones como éstas, tan incomprensibles como terribles.
Pero viendo que el peligro está latente y sin caer en el error de ver fantasmas donde no los hay, sería lógico que agudizáramos nuestra atención frente a estos sujetos trastornados que envían señales visibles de su locura, pero que suelen ser ignoradas, ya sea por desidia o por una inadecuada capacidad de reacción de las mismas sociedades. No sé, me quedo pensando.
Un abrazo.
EL EPÍLOGO | Larsson ya lo dijo
Firmo lo dicho por Jesús.