Josep Maria Antentas (profesor de Sociología de la UAB):
El movimiento empezó absolutamente por sorpresa. Las manifestaciones del 15 de mayo (15M) fueron mucho mayores de lo esperado y la arrancada de las acampadas fue espontánea. Desde el comienzo de la crisis, la reacción social había sido muy débil. Finalmente todo estalló de forma inesperada, “intempestiva” como diría Daniel Bensaïd. Y como casi siempre que empieza un gran movimiento social lo ha hecho con la juventud como protagonista en su fase inicial, y con formas de protesta innovadoras y disruptivas. Expresa la radicalización social más importante como mínimo, desde hace más de diez años, cuando emergió el movimiento antiglobalización, aunque ahora, en plena crisis, la profundidad social y territorial del movimiento es mayor.
Esther Vivas (miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (CEMS) de la UPF):
El movimiento del 15 de mayo tiene un doble eje de crítica. Por un lado, la clase política y, por el otro, los poderes económicos y financieros, como bien resume el lema “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”. Las revueltas en el mundo árabe han sido un referente y así lo ponen de manifiesto las ocupación de plazas y las acampadas, tomando como ejemplo, entre otras, la Plaza Tahrir. Estas han sido una palanca para impulsar futuras movilizaciones y un altavoz para amplificar las presentes. Han actuado como referente simbólico y como base de operaciones y no han sido un fin en sí mismas. Internet y las redes sociales, twitter y facebook, han jugado un papel clave como espacio de discusión, de politización y de formación de una identidad y un acervo compartido, más allá de ser un instrumento al servicio de la movilización social.
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Hay miles de interpretaciones de este movimiento, si es que es alguna cosa. Sobre todo, hay contínuas infravaloraciones, incluso burlas. Cuando la única forma de comprender, de vivir dignamente es actuando, pringarse hasta los tuétanos sin saber si sirve de algo.
Let it be.