Quizás sea por nuestra mezquindad de especie que se asume como dominante frente al resto de los seres vivos, quizás sea por nuestro cúmulo de urgencias que se anteponen a lo que en verdad resulta más importante. Tal vez influya el manejo interesado que los medios hacen de los titulares para acaparar constantemente nuestra atención o puede que se deba a nuestra limitada capacidad de entendimiento y a nuestra inconstante actitud frente a lo que en un principio logra conmovernos. Lo cierto es que luego de un primer shock inicial y la consiguiente reacción emotiva, solemos perder de vista las consecuencias nefastas de las catástrofes que producimos una vez que dejan de ocupar los titulares de los diarios y pasan a ser sólo recuadros en las páginas interiores de algún suplemento.
Nació un conejo mutado
Las consecuencias de los altos niveles de radiactividad en la zona cercana a Fukushima se notaron en las verduras y la leche producida en las cercanías. Pero, la constatación más dramática del accidente nuclear lo acaba de dar el nacimiento de un conejo sin orejas en Namie Tsushima, una ciudad ubicada a 30 kilómetros de la zona de evacuación obligatoria.






Me da miedo.
Da q pensar….
¡Ay! Terrofífico…
Somos la especie depredadora y destructiva por excelencia.
Pobre conejito. Y pobres de todos los habitantes de la Tierra, presentes y futuros…