En los últimos años han surgido, a través de internet, varios movimientos defendiendo todo tipo de reivindicaciones. La mayoría de ellos se quedaban en nada – es famosa la protesta a la que acudieron más periodistas que manifestantes -. Solía preguntarme por qué las acciones digitales casi siempre se quedaban en nada, excepto varios ejemplos que todos podemos recordar tales como las manifestaciones contra el aborto celebradas hace un par de años.
En mi opinión hay varios motivos. El primero de ellos es la falta de una organización analógica, por decirlo así. A pesar de lo que se ha tratado de vender en los medios españoles, Facebook y Twitter no fueron los artífices del éxito de la reciente revolución egipcia. Fueron canales importantísimos de comunicación, pero comunicaban lo que ya se estaba fraguando en la realidad 1.0
La revolución egipcia no se hizo en un muro de Facebook ni tampoco en un chat. Esta rebelión se gestó en los pisos de estudiantes, en las Universidades, en los institutos, donde los jóvenes – y mayores – se reunían para intercambiar opiniones, ideas, principios y diseñar estrategias de acción. Esto es algo que ha fallado en la inmensa mayoría de las propuestas reivindicativas españolas.
Estos días, sin embargo, estamos asistiendo a un proceso completamente nuevo. Al primer caso de – casi – éxito de una protesta surgida en internet: el movimiento del 15 de mayo. Tengo que decir que fui – y soy – escéptico ante estas manifestaciones, pero las miro de forma diferente a como lo he hecho en otros casos.
Admito que en principio confundí el 15 de mayo con el movimiento #nolesvotes. No tiene nada que ver. He solido ser contrario a cualquier protesta que sitúe las series y películas gratis como problema fundamental de la situación política española. El 15 de mayo no habla de eso: habla de trabajo, derechos civiles y transparencia pública.
No obstante, quizá podamos hablar ya de un éxito que es, al mismo tiempo, un fracaso. ¿Por qué? A mi parecer, en primer lugar, por la ambigüedad de la propuesta. El 15 de mayo se ha basado en un manifiesto cargado de grandes principios pero ninguna reivindicación clara. Se habla de regeneración política y del fin de la corrupción; pero de una forma tan universal que absolutamente todo el mundo puede adscribirse. Y esto no es bueno por varios motivos.
Ayer asistí en las redes sociales a un debate en el que uno de los partidarios del 15 de mayo se quejaba a este respecto. El movimiento había recibido ya intentos de capitalización por miembros de partidos como Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia o Falange Española. Y esto es un hecho: ¿cómo podemos redefinir la democracia española si no tenemos ideas parecidas?
Un movimiento ambiguo puede dar lugar a situaciones surrealistas. Tal vez Zapatero ceda y decida hablar con los manifestantes, ¿entonces qué? Quizá unos aparezcan con reformas de izquierdas, otros con propuestas conservadores. Y más de uno exigirá – oh, paradoja – menos democracia y más poderes para la Iglesia y los empresarios. Este es el problema de no tener, por así decirlo, un frente de choque homogéneo; una punta de lanza que todos los ciudadanos puedan seguir sin desviarse, cada uno, con sus intereses particulares.
Otro gran defecto del 15 de mayo es la falta de una base offline. No basta con una página web y un manifiesto. Hace falta una organización real que pueda catalizar este movimiento; sí, estoy hablando de una asociación o un sindicato civil. No hay otro camino. De lo contrario, ¿cómo organizarse, cómo plantear acciones, estrategias, negociar si llegara el caso?
También esto es necesario, hay que decirlo, porque la mayoría de la gente realmente no está en las redes sociales. Ayer, hablando con mi hermano, le pregunté qué opinaba de Democracia Real Ya y me contestó: “¿qué es eso?” Y es que así son las cosas: realmente si no estás en Twitter, poco o nada sabes de lo que está pasando. Y hay que salir ya de esa burbuja que a veces es internet, darse cuenta de que la inmensa – aplastante – mayoría de los españoles o no está o utiliza tan sólo Tuenti para ver las fotos del botellón del sábado.
Otro factor que puede frenar estas propuestas es que quizá no sea el momento. Recordemos que el punto álgido de los recortes sociales se produjo en 2010. A la sociedad hay que pillarla en caliente para estos estallidos y son muchos los que ya se han habituado a la situación. Pero no olvidemos que, según todas las previsiones, una nueva tormenta se avecina para 2015 y será tal vez peor que la que ahora vivimos. Nos convendría estar preparados, esta vez sí, para reaccionar cuando llegue.
Ahora bien, ¿por qué podríamos hablar entonces de éxito? Porque, pese a todas las cosas que se han hecho mal, por primera vez en muchos años una gran cantidad de españoles está haciendo algo. Bien o mal, pero algo al final al cabo. Y, sobre todo, porque aunque fracase – que posiblemente fracasará – siempre tendrá una utilidad importante: servir de ejemplo para que funcione la próxima vez.
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