Pobreza y dependencia

14 feb

La trampa mortal del asistencialismo sin retorno

Es sabido que una de las maneras más efectivas de mantener el sometimiento de un pueblo es aumentar su dependencia hacia los sectores que sustentan el poder y lo que ellos representan, y este dominio será mucho más firme y fácil de sostener a través del tiempo cuanto menor sea el grado de integración social y educación que tenga su gente.

Los gobiernos que intentan perpetuarse en el poder a costa del sacrificio de sus ciudadanos lo logran, en gran parte, apostando al clientelismo político que crece de la mano de la desinversión en educación pública y en la banalización (progresiva transformación de algo exclusivo en algo intranscendente, común, popular, que ya no supone una distinción) de la cultura del trabajo.

Mientras más ignorante sea un pueblo es mucho más fácil de dominar y manipular y para mantenerlo sometido usufructuándolo como masa inerte de votantes en los momentos de elecciones, conviene estructurar malsanamente algún plan de subsidios disfrazado de aliciente social para los sectores más postergados (lamentablemente muy numerosos) y que su espiral de dependencia estreche en forma casi indestructible la posibilidad de salida. No menos importante para lograr dicha maniobra es mantener en segundo plano y sin ninguna relevancia el papel que la educación aporte a la integración y formación de todos los sectores sociales, de esta manera será mucho más fácil mantener la voluntad e intervención popular dentro de los márgenes de ignorancia e indefensión que el status quo requiera.

Soy de la idea de que cualquier plan que apunte a revertir la pobreza y la marginación social cabalmente (ambos existen en Latinoamérica en forma estructural), debe apuntalar por principio la dignidad social, alentando siempre alguna retribución efectiva por parte del beneficiario, partiendo de la premisa de que dicho beneficio no debe interpretarse como una dádiva ni un sueldo permanente. Si no se lo implementa con ese criterio el subsidio otorgado se transforma inmediatamente en una trampa sin salida que, lejos de incentivar el desarrollo, se limita a consolidar el estancamiento y la dependencia del sector social que lo recibe. La caridad social no es digna y el subsidio arbitrario y sin retorno, tampoco.

La población marginal que carece de ocupación formal y vive hacinada en barrios insalubres y acuciados por la inseguridad y la delincuencia es sometida en forma vergonzosa a cambio de un desembozado servilismo político: se pierden los planes de ayuda si el oficialismo pierde el poder que sustenta. Con esta línea de asistencialismo perverso, lejos de solucionarse los problemas estructurales que generan la pobreza se contribuye a su permanencia y estancamiento. Si en verdad se pretende apuntalar en sus necesidades básicas a un grupo social vulnerable y en riesgo no se debería recurrir a la simple adjudicación monetaria (subsidio a la pobreza) ya que ésta se transforma, irremediablemente, en el sostenimiento mismo de la marginalidad instalada. Desestimando a la educación y al trabajo como bases legítimas de la vida en sociedad y de la superación personal se asegura la perpetuación tanto de la marginación social como de los mismos grupos políticos que se benefician de ese modelo.

Dicha acción falsamente progresista no sólo corre el riesgo de convertirse en salida fácil y cómoda para quienes carecen ya de apetencias de inserción social y códigos de convivencia ciudadana (y encuentran en el asistencialismo una forma irresponsable de supervivencia financiada) sino que además y paralelamente, provoca en el resto de la sociedad (que no forma parte ni de los privilegiados ni de los subsidiados) un peligroso clima de resentimiento y desamparo que puede generar -bajo la influencia de grupos extremistas, xenófobos y antidemocráticos- reacciones de enfrentamiento y hostilidad social que pueden llegar a desestabilizar  el propio sistema democrático.

Si un ciudadano con participación activa y formal ve que sus esfuerzos no son retribuidos justamente por la sociedad en la que habita, pero sí se hallan los medios para solventar sin exigencias las demandas (justas o no) de quienes no aportan (ni muestran interés por aportar) al funcionamiento del sistema, obviamente se sentirá tarde o temprano agredido en sus intereses y defraudado en sus propias demandas de justicia y equidad.

Sin manejar conceptos sociológicos elaborados, la realidad que observo en mi país (tanto en los sectores marginados de las grandes urbes como los postergados de las zonas más alejadas) me da argumento suficiente como para interpretar que toda acción que el Estado (en cualquiera de sus niveles) dirija para vigorizar a los sectores menos favorecidos de la sociedad (como entiendo debe ser su deber) no ha de caer en el infame asistencialismo degradante, ni pisotear a la vez  los también justos derechos de los otros grupos sociales. Toda acción del Estado que apunte al sostenido desarrollo de la sociedad debería motorizar la sana iniciativa y realización personal de la gente dentro de un justo contexto que posibilite avanzar mediante el propio esfuerzo, obteniendo una equitativa retribución, insertándose toda política de acción social que se realice, dentro del concepto de dignificación de la educación y el trabajo como basamento de la sociedad.

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4 comentarios hacia “Pobreza y dependencia”

  1. Jesús V. Ferrer 14 febrero, 2011 a 3:07 pm #

    Justamenmte, Mónica, estamos manteniendo aquí en nuestro país un debate sobre la dependencia política y demás circunstancias que pueden conllevar las diversas medidas de asistencia, en especial ante el desempleo. Con mayor crudeza se constatan las diferencias ideológicas entre el intevencionismo y el liberalismo en Comunidades Autónomas como Andalucía, con los subsidios agrarios (PER).

    No creo que haya que basar una política económica social en dichas medidas, pero sí son fundamentales para paliar situaciones dramáticas; prescindir de ellas es demasiado fácil, no nos damos cuenta de que detrás hay personas con situaciones en muchos casos desesperadas.

    No sé si el asistencialismo institucionalizado, como explicas, posiblemente esté más arraigado en sociedades como la argentina en la que vives, querida compañera; es bueno, pues, que realices esta reflexión, aunque me ha sorprendido en parte que tu posición no sea más abiertamente favorable al mentenimiento de políticas asistenciales progresistas.

    Extrememos el cuidado, los controles, la legalidad vigente, la adecuación de los fondos a su destino, incentivemos al mismo tiempo toda iniciativa pública y privada, luchemos contra la corrupción que puede generar, contra el abatimiento y el sometimiento ideológicos, pero no dejemos en el desamparo a quienes no tienen nada o casi nada para seguir viviendo en este mundo que dice ser desarrollado.

    Un abrazo.

    • Mónica Frau 14 febrero, 2011 a 8:09 pm #

      Supuse, Jesús, que quizás mi opinión requiriese de algún otro párrafo explicativo, sobre todo para quien vive en una sociedad tan distinta a la nuestra, donde el concepto de asistencia social es tan distinto al de por allí -supongo-.

      Hoy por hoy el problema del desempleo por tu tierra es acuciante, pero ni de lejos se asemeja a la imperiosa necesidad de inclusión social que un gran porcentaje de nuestra población requiere. Gran parte de la población argentina carece de absolutamente todo lo imprescindible para participar activamente en algo que no sea más que su mera sobrevivencia, que ha perdido ya casi toda aspiración de superación propia y que se ve inmersa en un contexto real de inseguridad, desamparo, delincuencia y falta de incentivos reales que le permitan aspirar a salir del estado de pobreza en que se hallan inmersos.

      Hay cifras que estiman que estamos ya ante la tercera generación de personas que han nacido y vivido en villas de emergencia, atadas desde siempre a los códigos que allí existen, víctimas de la marginalidad sin más alternativas reales que no sean la delincuencia, la mendicidad, la ocupación mal paga y esporádica y el asistencialismo político. Es en este contexto en que viene mi reflexión, porque no es que desestime como un deber del Estado y la sociedad sostener y amparar al desprotegido. Todo lo contrario. Reivindico y sostengo que es una obligación irrenunciable en todos los estratos de gobierno el velar por la salud, la educación y la seguridad de todos los sectores sociales y procurar un techo y ambiente digno para cada habitante. Pero eso no se condice con la mayoría de las medidas -falsamente progresistas- que se vienen usualmente instrumentando.

      Salvo muy honrosas excepciones, las medias que se toman son simplemente paliativas, subsidios monetarios destinados a contener los reclamos sociales de ese sector marginado, sin que se apunte a la superación personal, el desarrollo integrador y a la desarticulación de la estructura misma de esa marginalidad. Se le paga a cada quien según sea la cantidad de menores a cargo pero no se le exige ni controla que esos menores no sean explotados o maltratados ni que completen en forma efectiva el ciclo escolar.

      Son muy pocos los planes de asistencia destinados a dignificar el trabajo productivo, y en general los mismos se otorgan mediante la intervención de algún puntero barrial que se queda con un porcentaje a cambio de “gestionarle” ese beneficio. Muchos de los subsidios destinados a emprendimientos productivos (sobre todo cuando el otorgamiento de los mismos no se realiza a través de los municipios o comunas en donde viven los beneficiarios) son otorgados “a dedo” según fuese el grado de cercanía que se tenga con algún personaje influyente de la zona. Ni hablar de la diferencia que existe en la posibilidad de acceder a algún plan de asistencia para la gente que vive en las provincias más alejadas de la capital! Allí la situación es muchísimo más grave, dependiendo exclusivamente del capricho del político de turno y de la cercanía de las elecciones (han sido públicos los casos en que directamente se les retenía a la gente los DNI a cambio de un vergonzoso subsidio).

      Reitero que no digo que no haya muchos y muy dignos intentos de planes y programas de desarrollo e incentivo efectivo, que apuntan a ayudar a despegar a la gente de su estado de pobreza para desde allí poder avanzar y superar su situación mediante su propio esfuerzo (en esta misma Agenda he publicado muchos artículos destacando planes puntuales, casi todos implementados por la Municipalidad de Rosario, que son los que conozco) pero entiendo que son los menos.

      Hace poco tiempo atrás se dio el caso de varios intentos de usurpaciones colectivas, operativos hábilmente dirigidos (por oscuros personajes políticos que se mueven en las sombras) movilizando a gente de varias villas de emergencia para que ocupen ilegalmente extensos espacios públicos y/o privados, con la maliciosa promesa de poderles conseguir con esa maniobra, un lote propio donde asentarse. El caos surgió inmediatamente, llegando a producirse hasta varios muertos en los enfrentamientos entre ocupantes y vecinos estables de la zona en conflicto. Tanto el Estado Nacional como el gobierno de la Capital (de opuestas banderías políticas) no quisieron, no supieron, o no pudieron enfrentar rápidamente la situación y el conflicto se extendió por varios días. Como es habitual por aquí, las cosas se diluyen tanto en la información como en el interés general, y hasta donde yo sé, se optó por armar listas y otorgar subsidios. Nuevas medidas paliativas que no atacan el fondo del conflicto, sino que sólo buscan calmar momentáneamente las consecuencias.

      En fin, que el tema da para largo y si me doy manija, hasta escribo un libro! Jejeje… así que resumiendo: reivindico la intervención estatal en todos sus niveles en cuanto a apuntalar las necesidades básicas y de desarrollo de los sectores menos favorecidos, pero descreo y critico la aplicación de medidas asistencialistas superficiales que no transforman, sino, por el contrario, consolidan las desigualdades sociales.

      Un abrazo.

  2. Mónica Frau 12 mayo, 2013 a 7:39 pm #

    Otro ejemplo de lo que sostengo en cuanto a la nefasta trama del clientelismo político:

    José C. Paz: la trama de la pobreza y el clientelismo

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  1. Bitacoras.com - 14 febrero, 2011

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La trampa mortal del asistencialismo sin retorno Es sabido que una de las maneras más efectivas de mantener el sometimiento de un pueblo es aumentar su dependencia hacia los sectores que sustentan el poder y lo que ellos repr…..

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