Aznar quiso que se fuera Felipe. Váyase, señor González. Quiere ahora que se marche Rodríguez Zapatero. Que se vaya el que se ha de ir, algo así dijo ayer. Soluciona los problemas echando a la gente, como un emperador absolutista. En la vida los que hacen eso, más pronto que tarde se quedan solos.
Estuvo tonteando sobre la broma de los pinganillos. La broma esa de los pinganillos es el derecho constitucional que ampara a los pueblos a hablar en su lengua, nuestra lengua propia.
Una pequeña parte del tiempo empleado en jugar al pádel, hacerle preguntas tontas a su espejito mágico o comprar abrigos de ejecutivo rancio podría dedicarla a conocer idiomas. Si no inglés, al menos los que se hablan en su país, la tierra que quiere salvar.
Mira, Aznar, es que me caes muy mal, pero fatal. Vete tú, del todo. Y no pongas más los pies sobre ninguna mesa.
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No creo que ningún verdadero demócrata pueda pedir -como solución- que se vaya antes de tiempo un gobernante legítimo!
Que critiquen, que aporten, que opinen, pero la sana oposición no debería nunca apostar a la desestabilización… creo que las únicas circunstancias en que podría ser válido un pedido de alejamiento (o exigencia) es en caso de corrupción flagrante, de cuestionamiento moral indefendible, como en el caso de Berlusconi.
Un abrazo, Jesús.